23.

953 Palabras

23. Frederic estaba tibio, y yo era friolenta. Me estreché hacia él, como hacía con mis amigas en el Santa Clara. No le veía malo hacer eso. Pasé mi mano sobre su dorso, el sueño me gobernaba, y me quedé dormida. Sentí, entre sueños, que algo duro se frotaba en mí. Abrí los ojos, y descubrí que Frederic estaba despierto. Tenía una mirada diferente a la que había visto en él. —Dein Körper macht mich an—murmuraba. —¿Qué dijiste? —Te tocaré las tetas —me dijo, y como no me movía, lo hizo, me tocaba con suavidad, y me gustaba. Era como me lo había imaginado cientos de veces, solo que… con Aleksander. Era como si le estuviera traicionando, pero… ¿no era eso lo que me había dicho que hiciera? ¿Qué conozca a otros hombres? —¿Te gusta? —Frederic preguntó sin cambiar de expresión. Como respu

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