39.

1102 Palabras

39, —¡Ladrona! ¡Ladrona!—gritó el hombre cazador para alarmar sobre mí. ¡Era un ser detestable! Corría y en un intento por zafarme de él, arraso con todo lo que tengo al paso. Estaba punto de ser derribada. En la desesperación no me quedó más que entrar al cabaret oculto en esa oscura calle, a la que jamás habría llegado de no ser que estaba en apuros, verdaderos apuros. Adentro parecía otro mundo; el calor reconfortaba mi cuerpo. Estaba con el corazón en la boca por la carrerita que me había dado el hombre cazador, al verse burlado por mí. Me lo debía el canalla, eso de inventarse que tenía una familia esperando por comida para que desistiera fue de lo más bajo... Me detuve al escuchar la música. No, no era la música lo que conseguía que me olvide que mi vida corría riesgo. Era la vo

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