Moviendo conexiones

1459 Palabras
Mientras caminaba hacia su oficina, Lauren se cruzó con un abogado que la miró de pies a cabeza con descaro. —Hola… —dijo con una sonrisa confiada—. Al parecer, no nos han presentado. Mucho gusto, yo soy… —Disculpa —lo interrumpió con indiferencia—, pero tengo demasiadas cosas que hacer como para perder mi tiempo con tus coqueteos. Sin más, le dio la espalda y siguió su camino. Estaba a punto de entrar en su oficina cuando sintió una mano sujetándola del brazo. —Así que eres la nueva abogada —murmuró el hombre con una sonrisa engreída—. Muchas personas hablan de ti como una de las mejores. Lauren se giró lentamente y le lanzó una mirada fría. —Eres terco, ¿verdad? —dijo con calma antes de esbozar una sonrisa burlona—. Mira, no me interesas ni me interesarás, así que deja de perder tu tiempo. He rechazado a mejores partidos que tú. Sin darle oportunidad de responder, se soltó de su agarre y entró a su oficina, cerrando la puerta tras ella. Se sentó frente a su laptop y comenzó a escribir con rapidez, sumida en su trabajo. Unos minutos después, escuchó un golpe en la puerta. —¿Ocurre algo, Arthur? —preguntó sin apartar la mirada de la pantalla. —Al parecer, ya conociste al casanova del bufete. Pensaba advertirte sobre él. Lauren soltó una risa breve y sin humor. —No es necesario. Estoy acostumbrada a ese tipo de hombres. Arthur la observó mientras ella seguía escribiendo. Su concentración era absoluta. Llevaba puestos unos lentes, lo que le daba un aire aún más profesional, pero lejos de restarle atractivo, la hacía ver aún mejor. —Por cierto —dijo ella sin apartar la vista de la pantalla—, necesito una secretaria. Al parecer, lo olvidaste. —Está bien, avisaré a Recursos Humanos para que busquen una. —Que busquen una excelente secretaria. No admito a cualquiera. Arthur suspiró. —Sí, lo sé. No te preocupes. Lauren continuó escribiendo hasta que alguien llamó a la puerta. —Pase. La recepcionista entró con una bandeja en las manos. —Aquí tiene su desayuno. Lauren arqueó una ceja. —No era necesario que subieras hasta aquí. —Estoy en mi descanso, además, el repartidor se habría perdido fácilmente. La abogada asintió y tomó la bandeja. —Gracias. Después de pagarle, la recepcionista se marchó. Arthur la observó mientras ella probaba el café. —Revisé más detenidamente el caso del señor Harrison. Será rápido y fácil de resolver. Arthur sonrió con satisfacción. —Sabía que contigo las cosas se facilitarían. Raphael está desesperado. Su exnovia se ha encargado de destruir su imagen, haciéndolo ver como un monstruo ante la sociedad. Lauren dejó la taza sobre el escritorio. —Ese es el problema con los europeos. Siempre se dejan llevar por lo que dice una mujer que ni siquiera conocen. Arthur suspiró. —Según leíste, con la primera denuncia ella la retiró después de recibir cinco millones de libras. —Exacto. Lauren entrecerró los ojos, su mente procesando cada detalle. —Solo quiere sacarle más dinero. Y me parece increíble que tú lo consintieras. Sabes bien que las cosas no se manejan así. Deberías haber supuesto que, si accedían a pagar, ella buscaría más y más. Le lanzó una mirada afilada. —Arthur, el asunto se te salió de las manos. Arthur resopló y se pasó una mano por el cabello. —Quién diría que mi aprendiz me estaría dando un sermón. Has cambiado, Lauren. Ella apoyó los codos sobre el escritorio y entrelazó los dedos. —Han pasado muchas cosas, Arthur. Cosas que me hicieron cambiar. Dio un vistazo rápido al expediente antes de continuar. —Ahora, la nueva demanda que el señor Harrison enfrenta es por embarazo, pensión alimenticia y difamación. —Así es. Lauren inclinó la cabeza. —¿Ya confirmaron la paternidad del bebé? Arthur desvió la mirada. —Aún estamos en proceso. No es algo fácil de hacer. Ella lo miró con incredulidad. —Arthur… has perdido el ritmo. Dime, ¿por qué aún no han hecho la prueba de paternidad? —Ella desapareció. Lauren exhaló pesadamente y tomó su teléfono. —Déjame encargarme de esto. Marcó un número y esperó. Después de varios tonos, una voz masculina contestó. —Robert, soy yo. Necesito que me ayudes con algo. —Lauren. —El tono del hombre se tornó molesto—. ¿Cómo te atreves a pedirme un favor después de la forma en que te fuiste del bufete? ¿Sabes el desastre que ocasionó tu salida? Lauren sonrió con ironía. —Robert, recuerda que me debes muchos favores. Sin embargo, solo te estoy pidiendo uno. Y si el bufete quedó hecho un desastre, arréglalo. Después de todo, tú eres el director. Hubo un breve silencio antes de que Robert soltara un suspiro de resignación. —Bien, dime qué necesitas. —Sé que tienes contactos en muchos países. Necesito que me recomiendes a un investigador privado. El mejor. —¿En Europa? —Obviamente. —Hay una mujer. Te enviaré su número a tu correo electrónico. Es una de las mejores en Europa, pero difícil de contactar. —Facilítame las cosas, Robert. —Está bien. Hablaré con alguien que puede ayudar… pero no me molestes más. Tengo demasiado trabajo pendiente. —No tardes, porque si lo haces, te volveré loco. —Sí, lo sé. Dame un momento. Robert colgó y Lauren apoyó la espalda en su silla, esperando. Minutos después, revisó su correo. El mensaje decía: "Ella hablará contigo. Dile que vas de mi parte y no me molestes más. Tengo muchas cosas que hacer." Debajo del mensaje, estaba el número de teléfono de la investigadora. Lauren sonrió para sí misma. Las cosas estaban a punto de ponerse interesantes. Lauren deslizó el dedo por la pantalla de su teléfono, repasando el correo donde había anotado el número de una detective privada. Sin perder más tiempo, tomó aire y marcó. Mientras el tono de llamada repicaba, volvió la vista hacia Arthur, que la observaba con curiosidad. —Conseguí el número de una detective privada. La llamaré para que investigue el paradero de esta mujer... Necesito una fotografía de ella. Arthur asintió, apoyándose en el respaldo de la silla. —Se la pediré a Raphael. —Perfecto. Mientras tanto, concertaré una cita con la detective para que venga. La voz de una mujer respondió al otro lado de la línea después de unos tonos. —Robert al habla. —Buenas tardes, soy la abogada Lauren Lee. Me gustaría agendar una reunión con usted en mi bufete. —¿Le parece bien mañana a primera hora? —Perfecto. Le enviaré la dirección en unos minutos. Colgó y, sin perder tiempo, le envió un mensaje con el nombre y ubicación del bufete. Luego, volvió su atención a Arthur. —Listo. Ahora encárgate de conseguirme la fotografía de la señorita Choi para que la investigadora pueda hacer su trabajo. Arthur esbozó una sonrisa, alzando una ceja con diversión. —Me sorprendes, Lauren. Eres una mujer de decisiones rápidas. Ella tomó un sorbo de café antes de responder con naturalidad. —Tengo que serlo. De lo contrario, no sería la abogada que soy. Le lanzó una mirada significativa antes de añadir: —Por cierto, no olvides las máquinas para ejercitarme. Arthur suspiró con resignación. —Ya las tengo listas. Me aseguraron que son las mejores del mercado… y costaron una fortuna. Lauren dejó la taza sobre la mesa y sonrió con ironía. —Pensé que el dinero no era un problema para esta familia. —Por suerte, no lo es. Porque, si lo fuera, tendríamos un problema contigo… Cobras una mini fortuna. —Por algo me maté estudiando en la universidad, ¿no crees? Arthur no respondió, solo soltó una risa corta antes de levantarse. Más tarde, cuando el sol alcanzó su punto más alto, Lauren salió de su oficina. Arthur ya se había ido. Caminando por los pasillos, con la seguridad de quien sabe exactamente a dónde va, se encontró nuevamente con el abogado que, más temprano, había intentado coquetearle. —Hola, linda… ¿Quieres ir a almorzar? Yo invito. Lauren se detuvo, fijando su mirada en él con la paciencia de quien ya ha rechazado una oferta demasiadas veces. —No, gracias. Tengo mi propio dinero para cubrir mis gastos… y mucho más. El hombre sonrió con suficiencia, pero Lauren no le dio oportunidad de seguir. —Déjame en paz. No insistas más. Estoy fuera de tu alcance. Sin esperar respuesta, retomó su camino, dejando tras de sí el eco de sus pasos firmes y la certeza de que nadie, absolutamente nadie, podía hacerla dudar de quién era…
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