El señor Morris se acomodó en su imponente silla, poniendo los codos en el escritorio a modo de colocar su quijada sobre sus manos, la miro de manera intimidante, le intrigaba el arreglo que le ofrecería esta mujer. —Como sabrá, tengo un año de estar con su hijo, nuestra relación es seria, algo que terminara en matrimonio desde luego. —ante eso él se tiró una carcajada— Aunque no lo crea, su hijo y yo nos amamos mucho. — ¿Qué quieres sugerirme? No tengo tu tiempo. —Convenceré a mi prometido de que tome el control de la industria, en otras palabras, que sea su títere, pero usted me tendrá que incluir en el legado familiar, quiero que mi nombre aparezca ahí, y usted podrá manipular a su hijo, a su antojo. —¡Interesante! —le parecía tentador, quería ver que tan tonto es su hijo. —Ve que

