Gerónimo —Pedazo de imbécil. Le solté un puñetazo a Daniel en toda la cara. La sangre salpicó y una satisfacción enfermiza me invadió. —Joder. —Se tambaleó hacia atrás. Fui tras él. —Esto no es justo, tío —dijo él—. No me estoy defendiendo. —Y no volveré a pegarte hasta que lo hagas —gruñí—. Pero que te jodan por meter las narices en mi matrimonio. —Tina es una amiga y le mentiste. —Omití información. —Era una excusa perdedora y lo sabía. Nico ya estaba sacudiendo la cabeza, mientras Daniel ponía una mueca de desprecio; si tan solo se hubiera defendido, le habría pegado otra vez. Así que, en su lugar, lancé un golpe verbal—. Fuiste demasiado cobarde para admitir tus sentimientos por Tina. Me cansé de que le hicieras daño. —¿A alguien le importaría decirme qué está pasando? —Renz s

