P.O.V. JUDAS Después de que Nathan y los demás se pusieran a salvo, lejos del estacionamiento subterráneo, pude dejar salir todo mi poder contenido. No es por alardear, pero por algo soy "el Dios vampiro". Silas se hincó en el suelo intentando respirar de pronto, ya que estar cerca de mi aura aplastante lo estaba sofocando, así que me alejé unos cuantos pasos de él y me acerque más a Vladimir, quien minutos antes se jactaba de ser igual que yo y ahora instintivamente había dado un par de pasos hacia atrás. — ¿Qué pasa Vladimir? ¿Acaso te abruma mi poder? Si tanto dices que somos iguales, no debería haber ninguna diferencia para ti. — Contesté con suficiencia, dándole una sonrisa maliciosa mostrando mis afilados colmillos. El gruño en respuesta mientras fruncía el ceño. Erzebeth y Dela

