Observando a su hermano, Kendall realmente se sorprendió de que el omega no hubiera preguntado nada al respecto antes, considerando que desde que había llegado que el pequeño Darío le llamaba de aquella forma. —¿Por qué...? —Si no vas a comer, retírate de la cocina y ve a sentarte en los sofás para ver la televisión como tanto querías —indicó con tono duro, corriendo una silla más cerca del cachorro para así ayudarle a comer. —Es por él que realmente has aceptado todo esto, ¿no? —preguntó Kenneth, señalando al pequeño con su cabeza. —¿De qué estás hablando? —cuestionó, observándole con el ceño fruncido. —Ya sabes —pronunció, sin mirarle—. Con eso de que eres infértil, seguramente te convenció utilizando al pequeño —expresó. —No quiero seguir escuchando las estupideces que salen de tu

