Cuando Morgan despertó, lo primero que hizo fue sonreír al contemplar a su hijo dormir como un angelito en su cama, con la mayoría de las mantas en el suelo y otras pocas cubriendo solamente sus pies. Al final sí había sido buena idea cambiarle de ropa y colocarle aquel traje entero de un dulce osito antes de acostarlo en su cama, ya que evitó que el cachorro pasara frío. Girando su rostro hacia la izquierda, su sonrisa no hizo más que crecer al encontrarse con su hermoso omega durmiendo pacíficamente, acurrucado contra su costado y atrapando su cuerpo con un brazo cruzando su abdomen y una pierna en su cadera. Intentando girar sobre su costado, el alfa se detuvo automáticamente cuando su pareja se quejó en respuesta y le abrazó con más fuerza, casi como si temiera que le dejara. —Es

