Conocimiento de Causa

1713 Palabras
Me di cuenta que usaba con ella los mismos modos que usaba mi padre y, aunque yo no tenía ni era el dueño de las monedas que la mantenían, confiaba en que agacharía la cabeza tal como lo hacía con él. Cuando entré en el loft Mariana estaba sentada en el sofá mirando la televisión, todavía tenía los ojos enrojecidos de llorar y me dijo que le estaban doliendo y ardiendo mucho los golpes. Le alcancé un vaso con agua y uno de los analgésicos más potentes que había comprado, además le pregunté si se animaba a ponerse ella sola la crema, “no puedo Alejandro, tenés que ayudarme, apenas si me puedo mover”, le contesté que me diera tiempo para guardar la comida que había comprado y le comenté que ya había dejado su auto estacionado al lado del mío. Luego de dejar las cosas en la cocina, la levanté en brazos y ella se agarró de mi cuello para que pudiera llevarla a la cama, noté que me miraba a la cara con cierta admiración y cuando fui yo quien la miré, bajó los ojos, imaginé que no se sentía para nada bien con la cara que exponía en ese momento, para peor, además de las hinchazones de color casi n***o, los moretones se extendían tomando un color verde oscuro que hacían más horrible el cuadro. La crema daba resultado, el tabique nasal no estaba roto y el corte de la ceja, a pesar de estar tapado con un apósito estaba bien cerrado por la gotita medicinal, con los brazos, las piernas, el torso y la espalda parecía estar sucediendo igual, en algunas partes estaba hinchado, pero lo n***o se notaba en todo y también ese color verde horrible del hematoma que se expande. Los fustazos te dejaban una marca horrible en la piel, pero lo peor estaba dado por lo que pasaba debajo de la dermis, la carne se desgarraba, había sangrado interior, se formaba un edema y luego comenzaba a expandirse a su alrededor formando un color verde oscuro mezclado con el violeta, no era agradable de ver y Mariana tenía de esas manchas para repartir y diseminadas en casi todo el cuerpo. Parte del labio inferior estaba igual, lo tenía bastante hinchado y, aunque se le entendía le costaba hablar por la hinchazón, eso sabía que se lo había provocado yo cuando le di el revés con la mano, pero no me causaba ningún remordimiento, bastante barata la había sacado. Sólo le llevaría tiempo para normalizarse, aunque, el mayor problema era el subyacente, psíquicamente no estaba bien y eso costaría sortearlo. La ayudé a sacarse la bata y, antes de acomodarla en la cama, la vi con la claridad diurna de la iluminación del mediodía, la ventana con fondo de cielo celeste parecía enmarcarla, ¡qué cuerpo tenía la hija de mil…!, aun con todas las marcas sus formas eran espectaculares, paradas, firmes y duras. Traté de sacarme todo eso de la cabeza y comencé a aplicar la pomada desde los muslos. Se quejaba cuando pasaba la palma de mis manos expandiendo la crema desde las rodillas y la miraba cerrar los ojos cuando ascendía hacía la entrepierna, abrió un poco las piernas para que usara los dedos en el interior de sus muslos, pero no le toqué la v****a, no era lógico, allí no tenía golpes, aunque estaba bastante humedecida. Obvié rápido ese lugar y me dediqué al vientre, la piel absorbía la pomada y me fui acercando a sus tetas. No pudo aguantar el gemido cuando pasé las manos por debajo de las dos mamas coronadas por el pezón endurecido y sobresalido, las abarqué con las dos manos, luego puse más crema en ambas y las amasé con delicadeza, se le pusieron durísimas y la vi morderse los labios, aunque me obligué a seguir y llegué despacio hasta el cuello, nunca había brindado caricias tan suaves… más crema y le embadurné toda la cara haciéndole masajes con delicadeza en los golpes y marcas, prácticamente en un 90% de su rostro. Terminé con esto y cuando me disponía a girarla en la cama para poder ponerle pomada en la espalda, glúteos y piernas, sonó insistentemente el portero eléctrico, Mariana se sobresaltó, pero no dejó de observar el bulto que tenía yo en la entrepierna y, a decir verdad, ni me preocupé por ocultarlo. Fui a atender convencido de que sabía quién era, “soy yo, vengo a buscarla a Mariana”, —le escuché decir a mi madre—, no le contesté, sólo le abrí para que subiera y la esperé frente a la puerta cerrada. - Veo que no trajiste lo que te pedí, —le dije apenas entró pues no traía ningún bolso—. - ¿Dónde está?, a mí que no me venga a joder la vida con eso de escaparse por pelearse con el novio, al final tiene razón tu padre, yo la dejó hacer lo que quiere y después nos trae problemas a todos, incluso a vos porque tuviste que aguantarla, que primero hable con el padre y que él le dé permiso, —expresó levantando la voz—. - ¿Me podés hacer el favor de calmarte?, ella no está en condiciones de salir de acá, tenías razón con el tema de que querían violarla y… - ¡¿Qué estupidez me estás diciendo?!, ¡lo único que falta es que me vengas a decir que es una pobre santa mojigata!, decile que venga o la voy a buscar yo… —Ante esto y viendo su intransigencia me cegué tomándola del cuello con una mano y hasta podría jurar que le separé los pies del suelo—. - ¡Escucha bien, pedazo de madre biológica de mierda, bajate un poco del caballo y prestá atención!, tu hija y vos misma me metieron en un brete tremendo a mí, sin comerla ni beberla tengo un problema encima que me puede costar demasiado, si seguís con esa postura lo llamo a papá, yo puedo ir preso, pero vos te vas a arrepentir de por vida por tus actitudes asquerosas, —estoy seguro que se me notaba demasiado la bronca, ella abría los ojos y la boca totalmente sorprendida por mi reacción y se tocaba el cuello cuando la solté—. - ¿Qué fue lo que pasó Alejandro?, contame mi cielo, decime lo que sucedió, —preguntó cambiando totalmente los modos y la actitud agresiva cercana a la histeria—. - El mensaje te lo alcanzó a mandar ella antes de que le sacaran el teléfono que había en una mesa, la pude ubicar de casualidad y la encontré cuando la violaban y la castigaban, creo que en todo el lío me excedí con los dos tipos, el noviecito y otro más, quedaron muy mal cuando me la llevé y no sé si... - ¡Por Dios!, ¿cómo está ella, dónde está? Me va a dar algo. - ¡Esperá carajo!, —la tomé con fuerza del brazo cuando amagaba a ir a la habitación—. Tenés que entender que, por tu bien, por el de ella y por el mío porque fuiste vos quien me metió en el quilombo con el pedido de ayuda y tu pasividad, vas a tener que cerrar el culo con esto, ni papá ni nadie se puede enterar de nada, ponete las pilas por una puta vez, pensá en tus hijos y en la que te espera con papá si se entera de algo. Mariana está en mi cama, le estaba haciendo las curaciones cuando llegaste, —salió disparada hacia el cuarto tapándose la boca con la mano Se quedó mirándola desde la puerta de mi habitación, llorando horrorizada y ahogando con sus manos un grito que amenazaba con ser dramático, después se acercó a la cama y dudó en abrazarla porque Mariana le hizo una seña con la mano para evitar que se le tirara encima. Obviamente, luego del “espectáculo” fue un concierto de llantos, grititos, besos y abrazos cuidadosos. La dejé que lloraran y le pedí que le pasara la pomada por toda la parte trasera del cuerpo, entendí que así hablarían tranquilas, yo me fui a comer algo a la cocina. Terminaba de comer cuando regresó mi madre a hablar conmigo… - Esto no puede ser, hay que denunciarlos y que vayan a la cárcel de por vida, tu padre no puede estar al margen de esto, mirá como está tu hermana, la pobre está desfigurada. - Cuando alguna vez papá te trató de idiota me enojé, pero debo reconocer que siempre tuvo razón, todavía no entendés que, si abrís la boca, tu hijo va preso, que tu hija pasará la vergüenza del mundo, que te tendrás que hacer cargo de todas las culpas que mi padre te va a achacar y con razón, además que te quedarás con una mano atrás y otra adelante porque no habrá dinero que alcance para pagar por esos dos tipos. - Es que esos tipos no pueden quedar impunes. - Sos cínica, ciega y sorda, ¿qué entendiste cuando te dije que no sabía si los había matado?, quedaron ahí tirados con los brazos y las piernas rotas y con la cara molida a golpes, ¿sabés qué?, deberías haber estado vos en lugar de Mariana, para que sintieras en carne propia que te torturaran y te rompieran el culo mantenido con gimnasia, cogiéndote como se les antojara, puede que así podrías entender. - ¡¿Qué decís?!... ¡No te pases conmigo, pendejo de mierda!, —gritó haciéndose la ofendida y me volví a sacar, di un salto tirando la silla y la tomé de los pelos, se los retorcí y le provoqué dolor, poniéndome enseguida cara a cara con ella—. - Decidí lo que quieras, pero si no hacés lo que digo, yo no soy más tu hijo y antes de sacarte a patadas de mi casa te voy a reventar a trompadas y a hacerte sentir lo que sintió Mariana, ¡sacate la ropa!, desnudate porque te voy a romper el culo, después podrás hablar con conocimiento de causa.
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