Amanda El día que murió mi mejor amiga, una parte mía se fue en ese ataúd con ella. Han pasado dos meses desde aquello, pero me sigue doliendo como si hubiese sido ayer. Me he cuestionado muchas veces cómo fui capaz de ser tan ciega y no ver ninguna señal de lo que a mi amiga le pasaba o qué debí hacer mejor para que ella confiara en mí y yo haberla podido ayudar. Me arde el corazón al pensar en cuánto sufrió en silencio, sin el apoyo de nadie. El vacío dentro de mi es tan grande, que incluso dejé de asistir a la Universidad. Lo único que me ha dado paz dentro de esta tormenta es la carta de despedida que ella escribió para mí antes de tomar la equivocada decisión de partir de este mundo. Tomo el arrugado papel y vuelvo a leerlo una vez más, como si aquellas líneas escondieran algo q

