Olivia Estábamos celebrando el cumpleaños de mi abuela en nuestra casa y como siempre, mi abuelo volvió a mentir, diciendo que yo quería ir a mi habitación por una de mis muñecas, para jugar y nadie sospechó nada, todos lo vieron de lo más normal cuando él me tomó de la mano y sonrió, llevándome con él. Nadie notó que mis ojos estaban cristalizados y que tenía miedo. Él comenzó a caminar, con el agarre firme en mi mano, llevándome a rastras y cuando vi las escaleras que conducían hasta el ático de mi casa, las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas. —¡No quiero, por favor! —rogué entre lágrimas. Mi abuelo hizo caso omiso a mí petición y me jaló con más fuerza por las escaleras, hasta llegar al ático. Fue tal como siempre, me subió a la vieja mesa de madera, a la fuerza y pude

