Capítulo dieciséis. Entre la tormenta y el susurro. Isabelle La mañana posterior al escándalo se siente como el lento despertar tras una pesadilla. Todo está en calma, pero no es una calma verdadera. Es la tensión previa a la tormenta. Esa que se cuela en la piel, que agita las hojas de los árboles antes de que caiga el rayo. No he dormido más de dos horas. En mi pecho aún retumba la voz de mi padre, su testimonio reverberando en todos los medios de comunicación del continente. El apellido Fournier vuelve a estar en boca de todos, como un eco siniestro del pasado. Y esta vez, no hay ningún lugar donde esconderse. —Isabelle, tienes que comer algo —dice Sophie, dejando una bandeja con café y croissants sobre la mesa del balcón. No ha dicho nada más desde que llegó esta mañana, después de

