–¿Puedo hacerte una pregunta? –Masticó su pan con antipasto y revoloteó las pestañas negras con máscara que las elevaban casi hasta las cejas. –Hazla, estamos aquí para hacernos preguntas. –Ah, no sabía. Pero, bien, ¿Cuándo volviste a enamorarte? ¿Cuánto tiempo después de que...tu sabes? –Cuatro años. –Me respondió–Yo...conocí a Peter, y él me comprendía, me acompañaba. A veces yo me preguntaba que hacías tú ¿no te pasaba? –Todo el tiempo. –Hubiera querido tomarme toda la botella y olvidar lo que me decía o aceptarlo de mejor manera. –La primera vez que te vi en televisión no podía creer que se tratara de ti, parecías más alta, tan cambiada, te veías tan feliz sin mí. –Era feliz. –Confesó. –¿Y tú? No me digas que no conociste a nadie después de mí porque no voy a creerte. Reí, si el

