Abrí los ojos lentamente. Apenas si pude, me pesaban y había tanto silencio que apenas supe donde estaba. Tocaba algo tibio y suave, perfumado y delicado. Tenía un peso ligero apoyado en mi pecho. Después de tantos intentos de abrir y cerrar los ojos, después de que mis sentidos se ubicaran en el lugar y espacio, lo vi. De pie junto a la cama, con cara de sorpresa, el cabello lacio casi le cubría los ojos. Traté de moverme pero no pude, Yvana tenía su pierna sobre mi cuerpo, el rostro sobre mi pecho y la mano o el brazo completo sobre mi cintura. En pocas palabras, estaba sobre mí, rendida y bien acomodada en esta cama individual del cuarto para visitas, donde había aparecido poco después de que yo me acostara. Su excusa: no podía dormir, sentía miedo. Yo me quedé sin argumentos y simp

