Me senté dos puestos lejos de ellos y no dejé de mirar el teléfono n***o en el bolso de ella, si estiraba la mano podía tomarlo y ni siquiera notaron mi presencia. La mamá tocaba la frente del niño más grande. Podía pedicelo pero vendrían las preguntas, tal vez desconfiaría, diría que no y lo guardaría, o podía arriesgarme a eso, yo necesitaba ese aparato. Las mamás eran así, desconfiadas, preguntonas y dejaba pasar un tiempo precioso ente la necesidad y la urgencia. –Disculpe... –escuché una voz cerca de una de las puertas, era él, quien me llevara en brazos hasta este hospital, miré de reojo y en la cintura tenía una placa, pero su cara, esa no me atreví a verla porque no quería que sus ojos se cruzaran con los mios. – quisiera pasar a llevarle algo de comer a u niño adentro. –Claro

