Tan pronto nuestras bocas se encontraron, el hechizo de la unión perfecta inundó mis sentidos. Me acercó por el talle y yo abracé rodeándolo por los hombros. De inmediato borro toda mi vida en esta ciudad y trajo mí pasado con él, el dulce pasado de sus besos. De cómo atrapaba mi boca y su jugosa lengua saboreaba de mi interior todo lo que tenía para él, aflojando cada resistencia de mi cuerpo y diciendo que si a lo que él quisiera hacer. Cuando nuestras bocas se separaron, nuestras manos buscaron la opa y nuestros ojos a nuestros ojos. Saqué su chaqueta, aflojé su corbata y la saqué por la cabeza, desabotoné la camisa y lo dejé desnudo ante mis ojos, con el pecho que tanto extrañara potencialmente real. Pasé las manos por él y por sus brazos, entonces volvió a besarme y mientas me enloq
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