El Milenium quedaba a 35 minutos de mi apartamento. No me sentí apara nada cómoda viajando con dos policías en un mismo auto pero tuve que hacerlo. Faltaban siete horas para entregar el dinero donde dijeran y tenía que ser Oliver. Cuando bajamos del auto yo deseaba correr al interior del edificio pequeño e iluminado. El inspector fue a la recepción y lo escuché preguntar por Oliver y la respuesta confirmó mis sospechas de que algo le había pasado. Estaba recién curado de un disparo y seguramente se sintió débil. Quería encontrarlo y saber que estaba bien. –El señor Gallardo no ha salido de su cuarto desde que llegó. –¿Puede acompañarnos con una llave? –le preguntó el policía que siempre acompañaba a quien yo consideraba era el líder. –Sí, vamos. La habitación estaba en el primer piso,

