‘¡Tu mujer!’, soltó. Me di la vuelta justo a tiempo para ver a Hennie en el foco caer plana como una tabla, de bruces al agua. Tuve que correr hacia donde había entrado. Aún podía ver cómo subían las burbujas, pero mi maldita pierna estaba pegada a un lado del casco del hombre de la ley. La agarré, pero no se movía. Tiré de mi pantalón hacia arriba para llegar a las correas para arrancarla, pero también estaban congeladas. ‘¿Qué está pasando? ¡Ayúdame, amigo! ¡Mi mujer!’. El ayudante del sheriff bajó su linterna hacia mi metal. Buscaba cualquier cosa que me ayudara a escapar. ‘Eso es raro. Que yo sepa, este barco no está magnetizado’. Utilicé la otra pierna para hacer palanca contra el costado y empujé hasta que la correa que tenía debajo de la rodilla por fin se soltó. Me di la vuelt

