Julie. Mi cuerpo estaba temblando. Era un terremoto humano, uno a gran escala. Devastador. De un lado a otro y no existía un grado que pudiera determinar la magnitud. Ni siquiera los brazos de Miles podían quitarme ese temblor, ese dolor que se encontraba en mi pecho después de aquella escena. Era un nudo, como un disparo en el pecho. Mi mente estaba colapsada al igual que mis ojos por las lágrimas. Me sentía húmeda y fría por todos lados. – Por favor, por favor. – Rogó Miles. – Detente, para de llorar, vas a enfermarte. Sin embargo, apenas pude oírlo. Mi visión estaba nublada, estaba absolutamente bloqueada. Mi mente repetía una y otra vez la escena, como ella se le acercaba y le decía que lo amaba para luego besarle. Era como la canción del momento en la radio, aparecía de nuevo una

