Julie. Todo parecía normal cuando entré a la oficina aquel lunes. Colin había tenido que ir a ver unas cosas con Zack sobre algunas cláusulas de contrato, según me había dicho mientras se despedía de mí en el auto así que ese día no íbamos a divertirnos en su oficina, como casi siempre lo hacíamos. Esa mañana, extrañamente, no había mucho trabajo. Así que le pedí a Miles un café y galletas para revisar el periódico de ese día. Al entrar, el chico de ojos raros pero hermosos apareció con una sonrisa en la cara, iluminándolo todo a su paso mientras irradiaba felicidad. – Parecían siglos que no te veía sonreír. – Le comenté, cuando dejó la taza y las galletas en el escritorio. – Cuéntamelo todo. Miles soltó una risa, se sentó al frente mío y tomó una galleta para luego metérsela a la boca

