“Lloré a mi esposo hasta más no poder, lo odié por haber fallado en la promesa que tantas veces me hizo, la de nunca dejarme. No solo me despedí de mi esposo, sino que también lo tuve que hacer de mis suegros, todos juntos. No fui capaz de ver su cuerpo, preferí recordarlo con vida. La desdicha se había olvidado de mí por algunos años, en esos en los que pude ser feliz a plenitud, pero admito que siempre tuve el temor de que en algún momento se acordara de mí, y así lo hizo, peor que nunca. Como siempre, ahí estuvieron mis amigas y Edmundo recogiendo mis pedazos o lo que quedaba de mí; pero no todo terminó ahí, la vida me tenía algo más preparado para entretenerme un rato y desviara un poco mi atención de la pérdida de mi esposo.” . Unas semanas después, Diana guardaba algunas cosas

