Capítulo 3
—Su esposo, el cual ni siquiera recuerda su nombre.
Algo desconcertada lo miro hasta que tomo fuerza y me levanto.
— ¿Dónde está él? —menciono con un poco de desesperación.
—Está estable solo que debe ser comprensiva. Él no recuerda nada ni siquiera a la bebè.ni su nombre ni siquiera había identificaciones de ninguno de los dos.
—Es cierto la bebé ¿Dónde está? —menciono aún más preocupada.
—Tranquila la niña está en los cuneros, afortunadamente a ella no le paso nada. Los paramédicos dijeron que la seguridad del portabebés y algo divino la protegió.
Respiro con alivio en cuanto me doy cuenta de que Keiry está bien. Pero… ¿Cómo es posible que él haya perdido la memoria? Pobre debe ser tan difícil esa situación.
—Señorita al parecer estos documentos son importantes estaban debajo de su blusa—una enfermera me da la carpeta donde viene el testamento de mi abuela.
—Muy bien señorita. Usted está bien, solo se quedaran dos días y listo. Puede ver a su esposo en cuanto él despierte del sedante que le dimos, eso es porque se puso muy nervioso.
Asiento con la cabeza a la vez que veo como todos ellos se van, quedando yo sola en esa habitación, asì mismo bajo la mirada y veo esa carpeta la misma que abro para leer otra vez esos documentos ¿Cómo es que termine aquí? cuando se supone que debería estar con el abogado.
Suspiro y sigo leyendo hasta ver esa cláusula la cual es un martirio. No puede ser que quiera hacer lo que estoy pensando.
Casi de inmediato cierro esa carpeta la cual abrazo con todas mis fuerzas.
Por un largo rato me quedo pensando, hasta que entra una de las enfermeras.
—Señorita Brisa ¿Me puede acompañar? —ella pregunta con amabilidad.
— ¿A dónde? —contesto un poco desconcertada.
—Con su esposo y su hija ¿Cómo es que se llama la pequeña?
Por un momento mi mente se queda en blanco hasta que recuerdo como él me dijo que se llamaba.
—Se llama Keiry—digo sin negar que es mi hija.
—Muy bien acompáñeme. Hay que cuidar que el suero no se tape, ese le va durar por lo menos todo lo que queda del día, y la noche según indicaciones del médico solo estarán hasta pasado mañana en observación. La cuenta ¿A quién se la debemos dar? ¿A su esposo? O ¿A usted?
Antes de contestar mi mente nuevamente se ha quedado en blanco. Me siento tan extraña cuando se refieren a que tengo un esposo cuando eso no lo tenía contemplado sino hasta dentro de cinco o diez años.
— ¿Señorita? —ella me ve con preocupación.
—Si claro. Por el momento no lo tengo definido, por cierto. Mi celular ¿Dónde quedo?
—En el cajón de lado derecho, ahí está.
—De acuerdo hare una llamada más tarde y enseguida le aviso.
—Bien, vamos—ella camina junto conmigo.
Exhalo en tanto me doy cuenta de que voy hacia los cuneros a donde nos quedamos parados frente al cristal donde se divide ese enorme pasillo y ese pequeño cuarto.
Ahí mismo una enfermera me enseña a esa bebé la cual está dormida. Es tan hermosa que por un instante se me olvida que en mis planes no tenía ser madre por lo menos no por ahora.
¡No! No puedo… no puedo hacer lo que pienso hacer, no puedo hacerme pasar por la esposa de ese hombre ni mucho menos por la madre de esta hermosa bebe.
No soy capaz de mentir de esa manera. Por Dios ¿Qué estoy haciendo? En cuanto me doy cuenta de eso, empiezo a respirar con más dificultad, debo decir la verdad, debo hacerlo. Además, él es un desconocido ¿Qué tal y sí? Ay no Brisa por Dios se ve a lo lejos que él no es malo solo tiene el ama herida.
—Señorita yo no…
—Entiendo señorita Brisa, debe ser emotivo ver a su bebé y saber que no tiene ningún rasguño, Dios fue bueno, tan bueno que los tres como familia siguen vivos. Se imagina si a ella le faltara su madre o su padre, o al revés, que tristeza siendo tan pequeña—esa enfermera frunce el ceño mientras mira a Keiry.
Trago saliva y también veo a ese bebé a la cual si le hace falta su madre. No puedo creer lo que hizo, no sé si decirle la verdad sea lo correcto ya que él se miraba tan afectado.
¿Y si le digo y se pone peor? Él al parecer no recuerda nada. ¿Cómo le caería la noticia de que su esposa lo engaño con su mejor amigo? ¿O peor que su verdadera esposa ha muerto?
— ¿Nos vamos señorita? —pregunta esa misma enfermera.
Asiento con la cabeza a la vez que no dejo de mirar a esa beba, sino hasta que doy la vuelta hacia el pasillo de las habitaciones.
Simultáneamente la enfermera abre una de ellas y justo frente a mi esta ese hombre, él está sentado, él parece estar desorientado además de golpeado.
Es ahí cuando me da más remordimiento decirle la verdad ¿Y si nos ayudamos entre los dos? Él me ayuda a cumplir esa estúpida cláusula para recuperar mi casa y mi pastelería y yo le ayudo a ser una familia para su hija solo mientras recupera la memoria.
—Por favor acérquese—ella me da el pase.
Algo nerviosa avanzo para acercarme a él quien mantiene sus ojos cerrados. Por Dios es tan… Guapo. Ahora me doy cuenta de que tiene tatuajes en uno de sus brazos, otro con letras pequeñas detrás de su oído derecho.
Sus pestañas son largas y… Ay ya por favor enfócate en el asunto.
—Puede hablarle poco a poco —comenta la enfermera desde el otro extremo de la camilla.
Trago grueso y tomo su mano es ahí cuando él se mueve un poco y abre los ojos. Él me mira por un momento para luego soltar mi mano.
— ¿Quién eres tú? —me mira sorprendido.
Y hasta puedo sentir su confusión. Dios es tan difícil esto, frunzo el ceño mientras no puedo de dejar de mirar sus ojos color café claros.
—Yo…Yo…—trago saliva y agacho la mirada.
Aprieto mis ojos y ni siquiera puedo decirlo, no puedo mirarlo a los ojos y decirle que soy su esposa.
—Anda hermosa dile —la enfermera me anima.
Exhalo para tomar valor y aunque me cueste verlo a los ojos lo hago, debo hacerlo.
—Soy tu…Esposa. Es decir, yo…. Soy tu esposa, claro….
— ¿MI… Esposa? —me ve con curiosidad.
—Si algo así…—intento que no me tiemblen los labios.
—Yo… Yo no te recuerdo, no se ¿Quién soy? ¿Cómo me llamo? ¿De dónde soy? Yo…
—Tranquilo—tomo su mano de nuevo—Todo va a estar bien… No tienes—trago saliva— No tienes que recordar nada ahora poco a poco ¿Sí? —trato de darle confianza.
Él solo se queda en silencio a la vez que ve su mano tomada de la mía para luego quitarla de nuevo.
—Tranquilo. Ella es su esposa, venía con usted en el coche —comenta la enfermera intentando que él confié en mí.
— ¿Cómo me llamo? —pregunta con seriedad.
—Andrés te llamas Andrés —lo veo con pena.
Veo como él solo asiente mientras mira fijamente hacia enfrente.
— ¿Quién soy? ¿A que me dedico? —pestañea un par de veces para luego soltar una lagrima de su ojo derecho.