SEGUNDA PARTE. Tessa. Estaba cansada, pero sabía que no podía pegar el ojo. Aun así me removí entre las sabanas lilas de mi cama, tratando de callar los zumbidos de mis pensamientos. Había estado dejando miles de llamadas a Linn y todas habían terminado en el buzón. Me senté en la cama cuando di por perdida la batalla y clave la vista en la estantería de libros frente mío. Un lloriqueo en el pasillo me hizo levantar y caminar hasta la puerta para abrirla. Doble el cuello para mirarlo, como siempre Ares lloraba en la puerta cerrada del dormitorio de Linn, rasgaba con sus uñas la madera y se dormía allí. Cerré la puert

