~ CAPÍTULO 4 ~

2138 Palabras
Y de nuevo, Sophia estaba flotando, pero esta vez se sentía diferente. Se encontraba en un pasillo, que estaría completamente oscuro si no fuera por las lámparas en la pared que iluminaban tenuemente. Mientras más atención prestaba, más detalles encontraba. Había repisas con objetos extraños, parecían antiguos, y otros parecían decoraciones más modernas. Comenzó a avanzar por el pasillo, observando los cuadros que estaban en las paredes, un cuadro enorme a cada lado de una puerta que parecían tener diferentes diseños y tallados raros casi podría afirmar que se trataban de runas o símbolos místicos, pero su lógica le decía que eran simples diseños estéticos. No tardó mucho en encontrar un patrón: cada cuadro, o más bien 0retrato, en donde se ilustraban hombres vestidos con un estilo victoriano, mirando seria y fríamente hacia el frente, acompañaba cada puerta, como indicando su pertenencia. Automáticamente se detuvo delante de un retrato que desprendía cierto brillo, como un aura morada. No podría explicarlo, pero sintió su corazón vibrar, que la atraía hacia una de las entradas, la llamaba a que abriera la puerta tallada con símbolos. —Esto es un sueño, en los sueños no me puede pasar nada malo —se tranquilizó a sí misma, dejándose llevar por su ignorancia, creyendo que estaba en el mundo astral. Estiró su mano hasta el picaporte, sintiendo que atravesaba una especie de telaraña que le hizo cosquillas en el brazo cuando la abrió lentamente, intrigada por lo que podría encontrar en su interior se asomó despacio. Antes de poder ver enteramente el interior, percibió unos susurros, una leve luz, probablemente de velas que iluminaban la habitación, y un extraño aroma. Se adentró completamente y lo que vio casi la echa para atrás. El mismo hombre del retrato se encontraba sentado sobre una alfombra con muchos símbolos, parecía que estaba meditando, pero lo que la asombró fue ver otra figura flotando sobre la habitación, como si se tratara de un espectro. La asustó cuando pasó delante de ella sin percatarse de su presencia. —¡Ah! —Sólo pudo gritar de la impresión, y el espectro se giró con los ojos bien abiertos hacia ella. —¡¿Qué haces aquí?! —se acercó apresuradamente a ella, haciéndola dar pasos apresurados hacia atrás hasta salir al pasillo y chocar con otra de las puertas. —¡Estabas- tú- ! —balbuceó apuntándole con un dedo tembloroso, mirándolo de arriba a abajo, dándose cuenta que seguía flotando delante de ella. —¿Cómo hiciste esto? —El hombre insistió en saber cómo podía verle mientras transviajaba fuera de su cuerpo, y por qué ella parecía hacer lo mismo. —¿Hacer qué? —Seguía confundida, y sobre todo asustada. —Desligarte de tu cuerpo. ¿Acaso falleciste? —Se acercó un poco más con cierto temor ante la posibilidad de lo dicho. Sería una explicación razonable. —¡No! —respondió rápidamente —Espero que no —susurró por la repentina posibilidad. ¿Podía haber muerto? —¡Ya te lo dije! —Se escuchó a lo lejos, en una de las puertas del fondo del pasillo. Ambos miraron hacia donde provenían las voces discutiendo. —¡¿Entonces qué explicación me das?! —reconoció la voz del médico, del hombre que se empeñaba tanto en cuidarla. Su herida. Se acordó de ese pequeño detalle y se sorprendió al no percibir dolor. —¿Me morí? —comenzó a asustarse de nuevo, pero de distinta forma. —¿Tú cómo puedes- ? —quiso preguntarle al hombre que la miraba intentando entender lo que pasaba y las sensaciones que sentía aún sin su cuerpo físico. —Tienes que ir —la interrumpió, entendiendo la discusión que sus hermanos estaban teniendo. El corazón de la mujer estaba acelerado, y eso asustaba al hermano mayor, quien temía por su salud y culpaba a Leonard por su intervención. —¿A dónde? —cuestiona pensando que se refiere al más allá, al final del túnel. —Tienes que regresar —le aclaró queriendo apresurarla. Tanto quería que le hiciera caso que la tomó de los brazos, pero al hacerlo no esperó tal reacción. Otro dolor de cabeza invadió a Sophia, seguido de una fuerza tirando de su especie de alma hacia el lugar de los gritos. Dejó a Vincent con un repentino malestar que lo obligó a regresar a su propio cuerpo físico, quién se quedó un momento en su sitio aún confundido. Se levantó después de un rato y se dirigió a la habitación rápidamente donde sabía que la mujer estaba descansando. —¿Qué- qué fue-? —Sophia intentaba hablar coherentemente. No podía encontrar explicación lógica a todo lo que había visto hace tan sólo un par de segundos. Tenía todas las miradas de los hermanos encima. El mayor intentaba estar cerca de ella y tranquilizarla, pero esta se negaba a bajar la guardia. Leo seguía perplejo por no tener éxito con el uso de su don. Soren y Tobías confundidos porque no comprendían la discusión a gritos de sus hermanos mayores, pero ambos coincidían en que la fuente del problema era la mujer. Y llegando estaba Vincent, mirándola desde la puerta abierta, aún sorprendido de haber tenido ese encuentro transcorporal. Sophia, por su parte, había despertado de un salto, captando la atención de Gideon, a quién rápidamente alejó para incorporarse de la cama. —¡¿Qué está pasando?! —Creía que se estaba volviendo loca, a consecuencia de los golpes y la situación tan intensa en la que se vio envuelta. Llevó sus manos a la cabeza en forma de exasperación. —¿Cómo hizo-? —Vincent intentó preguntarles a sus hermanos sobre lo que vio, pero estos ya parecían confundidos de por sí y no le prestaban atención. —¿Quiénes son? ¿O qué son? —Le costó preguntar lo último, aunque le parecía extraño, el temor le hizo imaginar muchas cosas, hasta las más absurdas. De repente estaba muy alerta, la adrenalina fluía por su cuerpo —Mejor tú explícanos, ¿quién eres? ¿Y por qué te atacaron los cazadores? —Tobías fue el primero en enfrentarla. Sin darse cuenta todos daban pasos lentos hacia ella, unos sintiéndose amenazados, otros por curiosidad, pero todos instintivamente se pusieron a la defensiva. —¿Y por qué no pude persuadirte? —solicitó Leo. —¿Y cómo pudiste desligarte de tu cuerpo? —continuó Vincent con tono receloso. Soren no había dicho nada, pero ver a sus hermanos tan tensos ante la presencia de la inesperada mujer lo molestó. Después de tanto tiempo sin conflicto con cazadores, ni entre ellos, la posibilidad de uno lo puso a la defensiva también. Sophia se sintió intimidada. Cualquier mujer que fuera rodeada por cinco hombres se sentiría igual. No supo qué hacer, quería huir, no sentía la fuerza ni la confianza para pelear contra uno ni mucho menos contra todos para poder salir. La ansiedad amenazaba con apoderarse de su cuerpo y dejarse rendir. Sus ojos comenzaron a picar, formando lágrimas que no pudo evitar soltar. Se sintió indefensa, débil y perdida. —No- —Su voz apenas salió, intentando detener lo que su mente imaginaba, y viajaba hasta lo peor. Suplicando que ninguna de las ideas se hiciera realidad. —¡Ya basta! —Gideon intervino, parándose delante de la mujer, quién comenzó a hiperventilar del miedo. Era tanto su temor que no procesaba lo que los hermanos decían, ni explicar lo que había pasado horas atrás. Los cuatro hermanos estaban presenciando lo más molesto que su hermano había estado en mucho tiempo, que no es poco. Todos se detuvieron excepto uno, Tobías. —¡Te lo advertí, es una amenaza! —decretó el hermano. No tenía el don de la lucha por nada, él sabía perfectamente cuando había amenaza y debían estar preparados. —¡Eso no lo sabes! —difirió Gideon, defendiendo a la mujer con mejillas encendidas y empapadas. —¡¿Que cazadores se la quisieran llevar no te parece suficiente?! —Tobías intentó hacerlo consciente del peligro, pero él se negaba a deslindarse de ella. Era Sophia quien estaba en peligro. —¡Por favor, yo me iré! ¡Déjenme ir! —Sophia se exasperó, sentía una fuerte presión en el pecho al pronunciar esas palabras, pero igual quería evitar seguir ahí encerrada con esos desconocidos. —¡No! —Gideon alzó su voz, confrontando sobre todo a Tobías —Ella se queda aquí hasta que sepamos qué pasa con esos cazadores. —Yo no sé nada, se los juro —Se esforzó tanto para hablar y explicarles, rogando que todo terminara. —Vincent —Tobías ordenó a su hermano usar su don. —No hagan esto —Le advirtió de nuevo Gideon, amenazándolo con una mirada oscura y colmillos listos para atacar. La fuerte postura de sus hermanos lo obligaron a actuar. Se movió rápidamente hacia Vincent, lanzándolo hasta el pasillo, lejos de la mujer. Esto asustó tanto a Sophia que se lanzó hacia el lado contrario de la cama, cayéndose de la misma. El golpe que dio contra el suelo junto a sus quejidos llamó la atención de Gideon. Tobías aprovechó la distracción y lo tomó por detrás, haciéndole una llave para inmovilizarlo, Gideon luchó para liberarse, pero no contó con que Leo se acercaría y le susurraría al oído, con intención de usar su don contra él —Por favor, escúchame, hermano. Sólo por unos segundos deja que Vincent vea el pasado de la mujer —Leo intentó persuadir a su hermano con su poder. Todos los hermanos se ponían en su contra y él no pudo luchar contra sus dones y fuerza. Sus ojos desprendieron un pequeño destello plateado indicando que había funcionado. —Adelante, que sea rápido o les quebraré el cuello —aún persuadido no dejaba de amenazar a sus hermanos. La necesidad de protección era lo suficientemente fuerte como para manifestarse Vincent, entrando de nuevo a la habitación se acercó lentamente a la mujer, que terminó hasta la pared contraria temblando de temor apenas percibiendo lo qué había ocurrido. Su vista no captó la mayoría del enfrentamiento, pero supo que no fue una pelea normal. Se había quedado muda, más lágrimas de desesperación salían de sus ojos. Se sujetaba el abdomen, sintiendo el líquido rojo fluir por su ropa. Negó con la cabeza al hermano menor, rogándole con la mirada que se detuviera. —Lo siento —le dijo una vez estuvo delante de ella. Vincent tomó rápidamente una de sus manos, sobresaltándola al sentir su mano fría y el repentino movimiento. Una niebla morada inmovilizó su cuerpo, y el hombre comenzó a ver imágenes que pasaban muy rápido por su mente, algo inusual en su experiencia. Una anciana, una mujer, símbolos extraños, una lista muy larga de muertes a causa del toque de un hombre. Una separación, una historia armada para una joven, y una fuerte sensación de miedo y amenaza. La secuencia de segundos terminó con un fuerte dolor de cabeza y un sonido ensordecedor, obligando a Vincent a alejarse de ella. —¡Qué- agh! —El menor no pudo pronunciar palabra debido al dolor que fue más fuerte que el anterior, y lo hizo retorcerse en el suelo unos segundos. Mientras que a la mujer la dejó de nuevo inconsciente. —¿Qué viste? —cuestionó curioso Leo. Y de cierta forma le alegraba saber que no había nada malo con su poder. —No... No lo sé... —Intentó informarles lo que vio, pero apenas estaba procesando las imágenes tan rápidas, pero extrañamente conocidas. —¡¿Qué viste, Vincent?! —presionó Tobías soltando a su hermano mayor que iba recobrando la lucidez, ayudándolo a incorporarse. —Vi símbolos, y dos mujeres, sentí miedo y mucha energía flotar alrededor —dijo elementos precisos mientras los miraba para después darle otra mirada confundida a la mujer recostada sobre el suelo. —¿Vampiresas? —preguntó Leo para confirmar una de sus hipótesis, pero al ver que Vincent negaba descartó la posibilidad. —Esto no es bueno —susurró Soren, viendo lo que estaba pasando, la duda, la incertidumbre, y sobre todo la mujer inconsciente de nuevo. Gideon, por su parte, no era consciente de lo que estaba pasando, la manipulación de su hermano le impedía actuar. Luchaba con todas sus fuerzas para liberarse, su cuerpo temblaba de coraje y la necesidad de estar presente con la mujer; hasta que pudo encontrar una manera de deshacer la persuasión, y enfrentar a sus hermanos menores. —¡¿Qué han hecho?! —El repentino grito furioso de Gideon los sobresaltó. Ahora tenían que confrontar a su hermano furioso, consecuencias de su desobediencia y manipulación. Lo habían retado y habían sobrepasado el límite que había impuesto sobre lastimar a la mujer.
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