Pasaron varios días, y el despecho en ambos existía, la agencia de publicidad estaba hecha un desastre; Adam casi no se asomaba por la empresa de lo mal que se sentía sin mi presencia, entonces a Noah le tocaba agarrar la batuta, sin embargo le insistía a su hermano para que retomara sus funciones, ya que era muy malo para la parte creativa. En mi caso, estaba yendo a la tienda de mis padres a colaborar con la atención del negocio, pero era muy evidente que extrañaba mucho el ambiente de trabajo de la agencia de publicidad. Una noche, el señor Adam se aparece por mi casa en su camioneta, llama y pide por mí presencia, yo salgo atenderlo normal y me subo en su carro, para ver qué era lo que él necesitaba hablar conmigo. — Buenas noches señor Adam ¿Qué

