Tu eres mi postre (Él)

1842 Palabras
Episodio 17: Tu eres mi postre (Él) Bajarnos del avión y entrar en nuestra realidad fue como una locura. Una locura con la que me sentía cómodo. Una novia y una perra loca. Yo, que ni siquiera merezco la vida. - Anahis, Suchi está hambrienta. Recuerda que tenemos que parar un momento a comprarle algo. - -Entendido mi Sargento. Pet Corp está en la esquina, no tardaré mucho, mientras tú puedes cuidarla. - ¿Cómo me había convertido en el protector de Sushi? Esa perra me odiaba y ahora yo preocupándome porque debía comer. Le tenía una sorpresa a Anahis y Sushi debía estar satisfecha y calmada, claro está. Mientras ella compraba la comida yo haría par de llamadas importantes para eso. La noche buena fue realmente intensa. (No la definición de intensa que yo hubiese querido, pero sobreviví). Convencimos a las chicas de que debían asegurarse que los niños estuviesen dormidos y que empacaran lo que no usaríamos hoy para regresar. De esa manera aprovechamos para colocar las maletas en las “ trocas” ya que “Tío Nevile dejó sus regalos en el baúl de la Silverado”. Nos pusimos manos a la obra. Primero fuimos a la Cabaña B. Recogí todo como pude y dejé mi ropa deportiva negra para el día siguiente. Habrá que repetir, lo que no es muy agradable para mi. Cree una manía de estar extra limpio luego de las misiones en Sudáfrica. A veces pasaban días sin el preciado líquido. También coloqué debajo del colchón de mi cuarto a mi jeva “ Glock”. -Avanza campeón que nos descubren. Abre la puerta. - Ya Ethan iba con maleta en mano para salir hacia la Ford a la velocidad de un rayo y yo detrás cerraba la cabaña con mi maleta en mano. Atrás dejé el bulto pequeño. -Cuidado “jueputa” con mis “jevas”. - -Muévete imbécil, ya están dentro y con candado. Los regalos, sácalos. - ¿Cómo lo hizo tan rápido? Ya respirando coloqué mi bulto en la Silverado y fuimos a la Cabaña A con mis regalos en manos. Las chicas nos vieron colocándolos en el árbol, cuando salían con algunas maletas. Anahis cargaba un par de cojines gigantes, su maleta y una jaula pequeña. Traía una cara de súplica que me causó curiosidad. -¿Sushi tiene que usar la jaula? - -¡Oh si, ojitos Hermosos! Creo que eso no es negociable. - Se estirará un poco antes de subir a la avioneta. Me miró con cara de niña malcriada. Poniendo una hermosa trompita. Todo gesto en ella me encantaba. -Ok. Pero pararemos a que haga sus necesidades. - Esto lo decía de forma autoritaria mientras me ponía encima todo al mismo tiempo. Salí casi sin poder caminar con todo su equipaje. No me quejo, mi gitana tiene su genio. Ya lo probé cuando le dije culón al ángel. Las Mezzini son un caso. Los Scotish hicieron lo propio y ya al final nos tomamos un chocolate frente a la chimenea mientras ellos colocaban algunos regalos de última hora. - No tengo nada para ti. Me dijo apenada mientras se encorvaba en el mueble y aguantaba sus piernas por las rodillas. - - No importa. Nos tenemos el uno al otro ¡Feliz Navidad! - Le dije mientras me acercaba lentamente a su rostro, eran las doce ya. Se nos fue la noche. Y no quería perder ningún momento para abrazarla y una y otra vez besarla. Olía tan bien. -Quédate conmigo esta noche. - -No debemos. Los niños podrían despertar en la noche a buscar los regalos y se percatarán. Te prometo mañana recompensarte. Mañana... - *** Pensaba en esto cuando ella entró al auto. -Listo. Muero de hambre. Me dijo en tono suplicante. - -Tranquila. ¿Te parece si pedimos algo al llegar a casa? Estamos cerca. - El apartamento estaba cerca del aeropuerto. Eso facilitaba mi movilización de forma rápida y discreta. Se me pedía mantener un bajo perfil. Y así lo tenía, trabajo a casa, casa a las oficinas en la embajada y/o a la casa de María. Llegamos a la cuadra y buscamos estacionamiento. Algún gracioso tomó el mío. Ya luego me encargaría de eso. Hoy es Navidad y hace mucho no pasaba una buena. -Mi pent-house está cerca, a dos cuadras y tres más abajo está mi trabajo. No puedo creer la casualidad. - -Definitivamente yo tampoco. Te había tenido tan cerca y no lo sabía. El destino nos está uniendo ahora. ¿Con qué propósito? Ya estamos cerca a la puerta del apartamento.- Abrí la puerta de mi sótano. Realmente Doña Lu había hecho su trabajo. Ella era la señora a la que le pagaba por la limpieza. La llamé anoche y le ofrecí paga y media para que me desenpolvara un poco el apartamento y me preparara mi sorpresa para Anahis. Paga y media de verdad que hizo milagros. Una mesa perfectamente decorada con motivos navideños, unos platos de porcelana (que seguramente eran suyos) colocados y velas de olor en las ventanas en el medio de la mesa y alrededor de esta. Hacían que el lugar se viera totalmente diferente. Estaban recién prendidas , así que debió haberse ido hace poco y la cena debe estar caliente. -¡Velas! Expresó emocionada tapándose la boca. No … nunca… yo…. gracias. - -Bienvenida a mi humilde cueva. - La tomé de la mano para entrar y cerré de inmediato. Ya dentro no pude esperar para besarla apasionadamente. Mi amigo se acercaba a ella caliente. -Estamos solos, este es tu hogar también, desde ahora. Ven. - Le saqué la silla para sentarla. Si este cromañón activó su: ”Modo Caballero”. Saqué a Sushi de la jaula, esta no lo pensó dos veces para correr a mi cocina. El rico olor la llevó. -Espera acá amor. Hoy eres mi invitada y te consentiré. - Fui a la cocina, le abrí la lata de comida a Sushi y se la serví en uno de mis platos. En otro le di agua y por si acaso tomé un periódico viejo de la canasta junto al “counter” y se lo puse. Ya está lista. Luego busqué los platos de comida en el horno. Estaban calientes todavía. Presiento que Lu se había ido hace no más de 10 minutos. Le debo pagar doble. Esto huele y se ve demasiado rico. -Espero que te gusten los guisados. - Le pregunté mientras colocaba la bandeja con los platos y los cubiertos sobre la mesa. Estaba temblando de emoción como un culicagao. (mocoso). -Claro que sí, huele delicioso. - Me dijo totalmente entusiasmada. -Traeré el vino, ¿agua o refresco? - Le pregunté mientras caminaba a la cocina. -Agua. Gracias. - -Ya Suchi está comiendo. Dije eso de regreso y asegurándome de dejar la puerta de la cocina cerrada. No me arriesgaré a que vuelva aparecer sobre mi cara. Jejeje. Seremos solo ella y yo. Empezamos a comer gustosamente. Veía complacido como mi gitana disfrutaba la comida. ¡Bingo! Lo mejor fue cuando me dió a probar su tenedor. Me estaba consintiendo. Me estaba provocando. Tranquilo mi amigo que la noche es larga y es Navidad. -Oye, ¿por qué Sushi? - Hizo una pausa y aunque había dicho que no quería vino, lleno la copa y empezó a beberla mientras continuaba. Se veía tan sexy pero me fue extraño. - Cuando la recate de la calle tenía conmigo una bolsa con sobrantes de sushi. Estaba con Marcos en un restaurante al otro lado de la ciudad. Contrario a lo que él quería pedí que me colocaran el sushi para llevar, me gusta mucho y mi plan era terminarlos al día siguiente en el almuerzo. Eran demasiados y estaba a dieta ya que a él no le gustaba que subiera de peso. Cuando salimos esta peluda llena de nudos se acercó a mí y se trepó en mis pies. Él la trató de espantar y ella, pues, le mordió el pantalón. - No pude evitar estallar en carcajadas al oír esto. Me era muy familiar. -La aparte, la cargué y la llamé Sushi. La quería para mi, era preciosa para estar en las calles. Eso provocó una de nuestras últimas peleas, no duramos mucho tiempo más. Te dije, era un adorno para él. Siempre me criticaba si no cumplía con sus expectativas. - Terminó sirviéndose otra copa de vino hasta arriba. No debí preguntar. Creo que recordar a ese tipo le afecta mucho. - ¡Que berraco! - Dije esto sin pensarlo, pero ella me guiñó un ojo que me devolvió la calma y dijo. - ¿Cierto, verdad? Un patán. - Reímos juntos. -Sabes aquella, nuestra primera noche, cuando veíamos la Luna y a Venus me quitaste los binoculares nocturnos, de hecho,son muy potentes. ¿Qué buscabas ver? - -¿Qué viste tú? Estoy buscando un cometa que pasa por estas fechas. Es parte de mi trabajo. - -Pues creo que era otro planeta, tenía el color que me describiste pero un poco más ovalado. No tuve la oportunidad de verlo bien porque una gitana me robó los binoculares. - Me escuchaba con curiosidad pero no pudo evitar reír. -Pues no vi nada ya que un guapo majadero me los quitó y me comió a besos.- Me morí de la risa con su último comentario. Hoy también solo quería besarla. Me levanté de la mesa y recogí los platos nuevamente en la bandeja. Noté que tomó su celular y texteó algo. No le di mucha importancia. -¿Todo bien?- - Si, solo guardo un recordatorio en mi teléfono. Me acordaste algo que debo finalizar si quiero viajar a Nueva York contigo. - -Termínalo Gitana. No iré si no es contigo. - Le dije tirándole un guiño. Al terminar puse los platos en el lavaplatos, nos servimos una copa de vino e hice que me acompañara a la habitación del fondo del pasillo, mi cuarto. Era la más grande de dos habitaciones que tenía. En la otra solo tenía cosas de trabajo. Ella me seguía divertida. -Me encanta tu cueva, tienes un buen gusto. Una decoración tipo industrial contemporánea muy bien escogida. - Me dijo sugestiva mientras tocaba la parte baja de la espalda. No pensé que se impresionara tanto. Lu había lavado y recogido mi cama de forma impecable, como me gusta. Se dirigió rápidamente al borde de mi cama. - Es realmente suave y mullida. Además ortopédica es súper cómoda. Creo que dormiré aquí y tu en la sala. Dijo con tono sarcástico el vino le estaba haciendo efecto. - -¿Y el postre? - Rayos olvide el postre. Me acordé de una lata de cerezas en almíbar que guardaba en mi alacena. Solo espero que estén ahí. Salí de inmediato y regresé con un platillo lleno de cerezas con crema. Cuando regresé ya estaba en mi cama, lucía cansada pero radiante. -El postre está listo, Gitana. - -En realidad Nevile, tu eres mi postre. -
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