CAPÍTULO 25 D esde que se enamoraron, Veronica ya no permitió que Douglas se acercara a ella. Puesto que la razón por la que estaba allí era ser prisionera, no había razón para alimentar esa pasión. Intentaría comportarse bien hasta el final de aquel dulce t******o, pero no permitiría que hubiera más lazos entre ellos. Estaba segura de que era lo mejor para ella y lo haría sin inmutarse. Una tarde, cuando Douglas se acercó y le ofreció zumo de frutas, Verónica aceptó, agradeciéndole el alivio del calor de aquellos días, y se alejó al otro extremo de la casa para mantener la distancia que estaba dispuesta a tener. Douglas la observó en silencio. Se le había acabado el tiempo y ya se sentía derrotado por méritos propios. Aceptaría lo que ella le impusiera. No había mucho que hacer. Aunque

