—¡¿Papá?! Cierro los ojos por un segundo antes de inclinar mi cabeza hacia atrás e intentar mirar a Drew desde mi lugar en el sofá. Hemos estado todo el día en casa y gracias al cielo él no me ha pedido salir a ninguna parte porque estoy sin ánimos de nada. Este es uno de esos días donde apenas tengo ganas de respirar. Si pudiera dejar de respirar lo habría dejado de hacer esta mañana. Tengo una flojera que sobrepasa cualquier límite. —¡Papá! —¿Sí, Drew? —¡No encuentro mis crayones nuevos! —Búscalos en tu habitación, Drew. —¡Ya lo hice y no los encuentro! —Están ahí. Búscalos bien, por favor. —¡Pero si ya los busqué y no están por ninguna parte, papá! Suelto un resoplido y me paro de un salto completamente perezoso. Arrastro mis pies hasta el cuarto de Drew y lo encuentro de rodil

