GACELA
-¿Con quien vas a ir a la fiesta? – La dulce voz de Emma se hacía oír desde el tocador.
Me puse la última capa de lápiz labial rojo brillante. Miré a mi mejor amiga, el reflejo de ella me hizo sonreír, es realmente hermosa. Me sigo preguntando por qué sigue soltera y no le hace falta pretendientes. Se sentó en mi cama, comenzó a jugar con el dobladillo de su travieso disfraz de enfermera.
La empresa está dando una fiesta de disfraces para agradecer a los empleados en arduo trabajo y incentivarlos a seguir trabajando duro.
-¿Con quien voy a ir? – Miré el reflejo de nuevo y pasé mis dedos por mi larga melena rojiza. Ajusté las orejas de conejo encima de mi cabeza. Mi disfraz de conejita era sexy, pero no rayaba en lo vulgar.
La falda cubre mi culo y la parte superior era un hermoso sostén blanco. Sujeté la cola esponjosa a la parte posterior de mi falda, justo en el centro de mi trasero antes de darme la vuelta.
-¿Por qué no invitaste al guapísimo hombre misterioso del club? – Emma se levanta de la cama y se da un ultimo vistazo en el espejo de mi habitación.
Blanqueo los ojos.
-No sé su nombre y no quiero ir con nadie, sigo nerviosa por los constantes mensajes que estoy recibiendo y esas malditas rosas negras – Me quejo.
Emma asiente.
-Sexy, debes avisar a la policía – Hace un puchero.
Sacudo la cabeza, sería inútil, dirían que simplemente estoy exagerando, que de seguro me lo busqué o debo estar haciendo algo mal y por eso estoy metida en este lio.
-¿Lista para que comience la fiesta? – Sonrío.
Emma sabe que otra vez evado el tema, asi que, no dice nada, solo asiente con una gran sonrisa y toma nuestros bolsos.
-Embriaguémonos y démosle a ese coño tuyo una noche de esparcimiento – Me empuja suavemente por el hombro.
-Mi coño está cerrado por un largo tiempo – Chillo.
-Solo no has encontrado la persona que tenga la llave de ese candado – Sale de la habitación contoneando las caderas. Yo simplemente le doy una mirada divertida y la sigo.
Era dulce y rosado. Se derretía en mi boca, el azúcar se deslizaba por mi garganta.
-¿Qué es todo esto? – Los grandes cafés de Emma miraban asombrada toda la decoración del lugar – Te luciste bastante.
Me encojo de hombros y llevo otro pedazo del algodón de azúcar que he estado devorando desde hace un tiempo.
-Siempre me luzco – Chasqueo la lengua.
-Que modesta – Se burla – vamos a la casa de la diversión ¿O que te parece el castillo inflable?
Asentí con la cabeza. Emma ajusto el estetoscopio falso que combinaba con su traje de enfermera y señaló hacia la casa inflable en forma de castillo.
-¿Por qué una fiesta de disfraces? – Dijo mientras caminábamos – Aun no es Halloween.
Le doy otro mordisco al algodón de azúcar y dejo que se derrita en mi lengua.
-Me gusta las cosas que dan miedo, el terror y lo macabro ¿Por qué esperar hasta esa fecha cuando me dieron la posibilidad de escoger la temática ahora?
Emma blanquea sus ojos.
-A veces eres tan rara.
-Dime algo que no sé – Podía ver la casa inflable gigante a lo lejos y algunas atracciones que me provocaron vómitos esparcidas en el centro del caos. La casa de la diversión estaba justo detrás de donde estábamos, que era otra de las atracciones mas populares en esa época, por eso decidí traerla esta noche -Vayamos mejor primero a la casa embrujada.
Terminé el algodón de azúcar y tiré la bolsa de plástico a la basura. Cuando levanto la vista, veo a un grupo de personas que entraban por la entrada principal y se abren paso entre la multitud.
No pude distinguir quienes eran ya que todos llevaban varios tipos de disfraces. Eso es lo que hacia mas divertida la fiesta ¿A quien no le gusta Halloween? Todos llevan máscaras, lo que hace imposible descifrar a cualquiera de ellos, pero fue el hombre que iba delante, el que llamó mi atención. Lleva una mascara de cuervo, le cubre todo el rostro. El hombre es bastante grande, con definición muscular muy clara que es visible incluso debajo de las capas de ropa que lleva.
La fiesta está llena de empleados y clientes de la compañía. Se invitaron a los mas importantes, los que llevan tiempo requiriendo nuestros servicios para la organización de los eventos de su compañía. El hombre aparecía y desaparecía de mi vista varias veces mientras se abría paso entre la espesa multitud de personas, me giré, pero al instante sentí un cosquilleo en la nuca, asi que volví la mirada hacia aquel lugar y mi mirada conecto con la del extraño. Lleva un par de vaqueros oscuros y bota de combate. Encima una chaqueta de cuero y una sudadera con capucha oscura. La capucha está levantada, ocultando todo menos ese aterrador rostro de cuervo.
Al verlo mi reacción fue visceral.
-Como digas – Emma me agarró la mano y empezamos a caminar hacia la casa embrujada.
Miré una vez mas por encima de mi hombro, pero no volví a ver al hombre.
Llegamos a la casa embrujada y nos detuvimos detrás de varias personas que estaban esperando en la fila. Por fuera, la atracción parecía una antigua mansión de dos pisos con arboles muertos y jardines rodeando el exterior.
Debo decir que me costó mucho conseguir el montaje, fue realmente extenuante que lo dejaran con las especificaciones que yo deseaba.
Las ventanas son altas y puntiagudas con sombras y luces parpadeantes provenientes del interior que juegan una mala pasada a tus ojos. Hay telarañas colgadas por todas partes con arañas grandes de aspecto peludo atrapadas en el centro.
Cuando por fin llegamos a la entrada justo cuando las grandes puertas se abren de golpe y un grupo de personas salen a tropezones, gritando mientras un asesino enmascarado con una motosierra los persigue.
Blanqueo los ojos, no entiendo como les da miedo ese tipo de cosas, tendría que haber conseguido mejores disfraces para los trabajadores.
La fila comienza a moverse y nos dirigimos hacia la entrada, donde esperamos cinco minutos más antes de que nos dejen entrar.
La casa embrujada empieza un poco cursi, pero asumo que es para que sientas confianza. El interior está decorado espeluznantemente con esqueletos aterradores en sistemas de poleas que caen para asustarte cuando pases. Algunas personas gritan y yo ruedo los ojos.
Queria algo mas aterrador.
Algo que despertara la misma sensación que tuve aquella vez cuando mi hombre misterioso entró a mi habitación y me folló con su arma. Quise masturbarme después de eso, pero nada se comparó a sensación de sus dedos y el cañón de su arma en mi coño.
Me culpo por tener esa clase de pensamientos, si alguien supiera no dudaría en encerrarme en un psiquiátrico.
Seguimos a un pequeño grupo que había estado en la fila frente a nosotras y caminamos lentamente hasta la sala de escena médica. Un medico estaba operando a un paciente que está despierto y gritando con todas las tripas por fuera. El medico levanta la tira de intestinos y los sacude con una sonrisa bastante sádica. Emma y yo gritamos de disgusto y nos reímos después. Seguimos hacia delante, cada habitación parecía un poco mas intensa que la anterior.
Pero yo seguía sin sentir esa chispa.
Gente saltaba hacia nosotras, con el cuerpo ensangrentado y con máscaras que parecían como si sus rostros se estuvieran derritiendo. Algunos se les estaba pelando la piel, mientras que otros se les salían los globos oculares.
Y bueno, aunque ciertamente habían cumplido mis requisitos para que fuera una casa embrujada, me seguía pareciendo anticlimático.
No era lo que buscaba.
Alguien salto hacia mi y por poco le doy una patada en sus entrepiernas. La persona me maldijo muchas veces y yo queria morirme de la vergüenza. Cuando quise girarme para buscar a Emma, ya no estaba por ningún lado. Caminé por un largo pasillo que se dividía en tres secciones diferentes, me detuve en el centro e intenté escuchar a mi grupo, pero todo lo que podía escuchar era música espeluznante y gritos.
Me decidí por girar hacia la izquierda.
No lograba ubicarme bien, asi que giré hacia la izquierda nuevamente y luego hacia la derecha.
Tengo que toparme con ella otra vez.
Este lugar no podía ser tan grade, era ridículo, pensar que me perdí. Me sorprendió lo grande que es el interior, asi que me mordí la lengua por las palabras anteriores.
Me di la vuelta en un pasillo y me paré frente a una puerta sencilla y de apariencia baste normal. Nada que sea decoración para aterrorizar a la gente. Una mirada por encima del hombro me mostró un pasillo por el que podía regresar, tal vez encontrar una manera de salir de aquí para encontrarme nuevamente con Emma. Abrí la puerta para mirar si podía encontrar una salida por aquí.
Cuando entro y suelto la manija para mirar alrededor de algunos estantes, esperando encontrar una salida en el lado opuesto. Escucho que la puerta se cierra.
-Maldita sea – Musito.
Intento acostumbrar la vista al entorno, me quedo por un corto tiempo mirando lo que obviamente es un gran almacén, sin otra forma de entrar o salir.
-Amelia, sí que eres estúpida – Me reprendo.
Hay un montón de cajas esparcidas por todas partes, decoraciones del evento desordenadas como si alguien las hubiera estado revisando a toda prisa. La luz de arriba parpadea como si fuera necesario ajustarla o cambiarla, dando la sensación mas siniestra que cualquier cosa que tuviera la atracción de la casa.
-Jesús – Me doy la vuelta y regreso hacia la puerta, pero cuando bajo la manija, no pasa nada. Comienzo a tirar y tirar. Mi corazón late un poco más rápido cuando el pánico comienza a apoderarse de mí.
No.
No.
No.
Esto no me puede estar pasando a mí.
Suelto la manija y me tomo un minuto para calmarme y respirar. No es como si estuviera perdida y no fueran a encontrarme. Estoy en una fiesta, seguramente algún empleado pasará por aquí en algún momento.
Presiono mi oído contra la puerta y no puedo escuchar mucho más allá de los gritos distantes y risas ¿Me he alejado tanto que ni siquiera estoy cerca de la salida? ¿Por qué demonios nadie me ha detenido? ¿Por qué no hay nadie que impida a los invitados entrar a una aérea exclusiva para el personal?
Pruebo la manija nuevamente y luego recurro a golpear la puerta con mi puño. Me detengo solo cuando comienza a dolerme el dorso de la palma. Respiro para tranquilizarme y saco mi teléfono.
Primero intento llamar a Emma, pero sé que no va a contestar. Probablemente no puede oír su teléfono con todo el ruido.
Intento un par de personas más, pero nadie responde.
-Mierda – Maldigo y intento mirar a mi alrededor. Necesito al menos una ventana.
Nada.
Ni una sola maldita cosa.
Mi pánico se convierte en irritación y luego vuelve a convertirse en ansiedad. Estoy de espaldas a la puerta mientras busco algo para usar para abrir la cosa, pero escucho un suave click.
Miro por encima de mi hombro, veo que la puerta ahora está abierta y me emociono cuando doy un paso hacia ella, pero esa emoción dura poco mientras observo confundida como lentamente comienza a cerrarse.
Chillo y me lanzo hacia la puerta, pero mi esfuerzo se frustrado cuando tropiezo con una caja. Me preparo para el impacto de la caída, pero justo antes de tocar el sucio suelo, un brazo me agarra por la cintura y me endereza por detrás.
Giro y me doy la vuelta, alejándome de quien me tiene agarra, mis instintos todavía me gritan que alcance la puerta antes de que se cierre una vez más, pero cuando mi mirada se posa en un pecho duro cubierto de n***o, lentamente levanto los ojos para mirar una aterradora mascara de cuervo.
Los agujeros de los tienen una malla oscura que los cubre, por lo que quien quiera que sea que esté detrás de la aterradora mascara puede verme claramente, pero yo no puedo distinguir quien es. Pero yo sé quien es, es el hombre que había visto antes.
Huele a cuero y una especie de humo dulce. Tiene guantes de cuero en las manos y la capucha todavía está en su lugar, pero a pesar de toda esa ropa, podía ver claramente lo grande que es.
Poderoso.
Peligroso.
Mis instintos me hacen dar un paso hacia atrás.
El da uno hacia adelante.
El corazón me late bastante rápido y fuerte. Traro de mantener mi respiración tranquila. No quiero que vea que estoy aterrorizada, pero es una reacción instantánea.
Retrocedo un paso y luego uno más.
Se acerca, siguiéndome. Su enorme cuerpo acechando como un animal salvaje, se mueve con estilo, con cautela, con gracia. Tiene la gracia de una pantera.
Cuando la puerta me impide retroceder más, extiendo mis manos. Mi teléfono celular todavía agarrado a una de ellas.
-Voy a gritar por ayuda – Sabia que no serviría de nada. Hay demasiado ruido en este lugar. Nadie me oye siguiera golpear la puerta.
Su mano golpea como una serpiente mientras agarra mi teléfono y grito, tratando de recuperarlo, pero el hombre es rápido. Un segundo después tiene su mano alrededor de mi garganta y mete mi celular en su bolsillo con la otra.
-Shhh – Musita – Puedes gritar todo lo que quieras, gacela...
Pero probablemente pensaran que mis gritos son solo parte de la atracción.
Durante largos segundos, estamos parados. Yo simplemente mirando su mascara de cuervo, su mano alrededor de mi cuello, mi corazón como un caballo de carreras detrás de mis costillas.
-¿Para quién te vestiste asi? – Su voz baja y profunda. Lo veo alcanzar su espalda. Estoy segura de que siente tanto como escucho mi trago cuando saca un cuchillo, revelando una navaja de color n***o mate, la empuñadura lo suficientemente grande como para caber en una mano – No me gusta que nadie vea lo que es mío. Aunque no voy a negar que te ves exquisita disfrazada de conejita, solo avivas mis ganas de cazarte y me obsesión por corromperte.
Acerca la hoja afilada y contengo la respiración, mis ojos se abren mientras lo miro fijamente.
La luz del techo destella en la punta de la hoja, la única parte curo acabado mate parece haberse desgastado. Algo en mi se retuerce, mi vientre calentándose, volviéndose líquido. Me muevo sobre mis pies, mi espalda presionando con fuerza contra la puerta.
Tal vez puede leer mi lenguaje corporal, porque se ríe.
Lentamente acerca su mano, el cuchillo tan cerca de mi cara que respiro profundamente. No me atrevo a moverme demasiado aterrorizada por que va a hacer... y por como me siento en estos momentos.
Mi cuerpo tiembla, pero honestamente, no puedo describir exactamente que estoy sintiendo. Esto se siente mal en todos los niveles. Hay un maniático empuñando un cuchillo frente a mi cara, pero aquí estoy yo. Con mis bragas comenzado a humedecerse por el miedo.
De mi emoción.
Cierro los ojos con fuerza ante el primer toque de la punta afilada contra el costado de mi garganta. Está justo encima de mi pulso, y sé que puede verlo latir justo debajo de mi oreja. Mi corazón acelera como si fuera un conejo en el bosque corriendo por su vida.
-Mira eso – Musita con esa voz profunda y ese tono tranquilo, pero peligroso. Puedo sentir su rostro tan cerca del mío, incluso mientras mantengo los ojos cerrados, podía escuchar su respiración agitada.
Desliza la navaja por mi cuello, a lo largo de mi clavícula, y apoya la punta justo sobre mis pechos agitados. Mi camisa aprieta mis ya duros pezones.
>>Estás aterrorizada, pero tu coño está empapado ¿No es así, mi hermosa gacela?
Giro la cabeza y exhalo, gimo, porque lo que siento es mucho miedo, pero también hay un placer enfermizo mezclado con ello.
Hay algo malo conmigo.
Estoy jodida.