Salimos desesperados del restaurante, Santiago saco un fajo de billetes y sin siquiera contar o preguntar la cuenta los coloco en la mesa, para luego tomar mi mano y arrastrarme al auto. No puedo describir lo que sentía en ese momento, estaba nerviosa como si fuera de nuevo nuestra primera vez, pero también me sentía acalorada, imagino que por la intensidad que me demandaba su cuerpo. Subimos al auto, y esta vez me dejo ir delante, coloco mi cinturón de seguridad, y me dio un beso, mientras aspiraba mi olor—me sonroje porque hacía gestos extraños en su cara. —Estoy loco por entrar dentro de ti—me dijo y yo lo mire deseosa de que lo hiciera, no respondía pero les aseguro que si las miradas mataran yo con la mía le estaba haciendo el amor. Paramos en un semáforo por unos segundos, y San

