Capítulo 119 Como una señora de la casa Sofia Desperté con la sensación extraña de haber dormido demasiado y, aun así, seguir agotada. La luz de la mañana entraba tibia por las cortinas, pintando la habitación con una claridad suave que parecía no pertenecer a esa casa, porque en la mansión todo solía sentirse más frío, más impecable, más distante. Durante unos segundos me quedé quieta, observando el techo, escuchando el silencio, tratando de entender por qué el cuerpo me dolía menos que el día anterior y, al mismo tiempo, por qué me sentía todavía más desubicada. Entonces la puerta se abrió con un movimiento leve y entró una mujer vestida de blanco, con el cabello perfectamente recogido, una bandeja metálica entre las manos y una expresión serena que no reconocí. No era parte del pers

