Capitulo 86 Una boda programada Dante El departamento de Charlotte siempre olía a algo dulce. Una fragancia suave que nunca pertenecía del todo a un perfume ni a una vela específica, sino a una mezcla delicada de vainilla, madera y el aroma tenue del vino que casi siempre quedaba a medio beber sobre la mesa de cristal. Lo noto apenas cruzo la puerta. Me detengo un segundo, respirando ese olor que confirma que todo sigue exactamente igual. Elegante. Silencioso. Perfectamente ordenado. Tan perfecto que resulta imposible olvidar que Charlotte sabe moverse con naturalidad entre la diplomacia y la mentira sin que nadie lo note. Detrás de los enormes ventanales la ciudad brilla como un océano de luces. Desde esta altura los autos parecen pequeños destellos deslizándose sobre el asfal

