Capítulo 43 Una mujer a quien observan Sofía —Eres la única que ha permanecido en esta casa todo ese tiempo —continuó—. No eres alguien que apareció por conveniencia ni por negocios. Has estado aquí… siempre. Eso me desconcertó. —Pero eso no significa nada, llegué aquí con una deuda d emis padres, quienes me abandonaron. —Abel negó suavemente. —Ni siquiera yo los conozco desde pequeños. Tú sí los viste crecer. Tú estabas aquí antes de que muchas cosas cambiaran. —Sentí una punzada extraña en el pecho. —Yo solo hacía mi trabajo. —Quizá para ti. Para él no lo sé, debe ser por esa costumbre. La incertidumbre en su voz me hizo mirarlo con más atención. —Entonces… ¿crees que es por eso? Abel dudó un momento antes de responder. —Debe ser por alguna razón. No lo sé con certeza. No f

