Capítulo 114 Debilidad descubierta Ivan Seguía de pie junto a su cama, con una mano hundida en el bolsillo del pantalón y la otra apoyada en el borde del colchón, mirándola con una quietud que por fuera parecía control y por dentro era otra cosa, una rigidez construida a la fuerza para no inclinarme, no tocarle la mejilla, no bajar la cabeza hasta su oído y preguntarle por qué demonios seguía sin abrir los ojos si ya me habían jurado que estaba bien cuando hace unas horas me habló. La puerta se abrió apenas y Abel asomó la cabeza con esa cautela que solo usaba cuando intuía que cualquier ruido de más podía terminar mal. No necesitó decir nada. Su expresión bastó. Me incorporé despacio y eché una última mirada a Sofía antes de salir. En el pasillo, Abel me esperaba con el teléfono en la

