Capítulo 52 Dos rostros Iván Silene siempre había tenido una forma de llenar una habitación sin levantar la voz, algo que muchas mujeres intentaban hacer con exageración, pero en ella parecía natural. Su postura recta, la forma tranquila en que cruzaba las manos sobre el regazo mientras escuchaba, incluso su sonrisa discreta… todo transmitía una elegancia que la mayoría de las personas asociaban inmediatamente con una mujer adecuada para alguien como yo. La familia correcta. La educación correcta. El apellido correcto. Todo en orden. Tomé la taza de té sin prisa y la llevé a los labios. El calor del líquido me recordó por un segundo la punzada constante bajo la camisa. La herida seguía abierta. Sentía la presión bajo la venda cada vez que respiraba profundo, pero no lo demostraría

