Entro en la gran mansión con cientos y cientos de chicas y chicos por todas partes bailando, riendo, hablando y besándose (llegando casi al manoseo sexoso), disfrutando de la alta música que se escucha por toda la propiedad, de la alta cantidad de alcohol y de sustancias sospechosas usuales en este tipo de fiestas. Camino hasta llegar a la sala del lugar, donde es el centro de toda la gran fiesta, chicos y algunas chicas viéndome al pasar con interés, otros con envidia, otros con curiosidad al verme sola en todo ese gentío y no en un grupo (como antes hacía), algunos con reconocimiento al ser muy usual verme en las grandes fiestas que los amigos de Malcom y Malcom hacen para todo el instituto y para otros conocidos suyos en la ciudad. El vestido corto pegado a mi cuerpo c

