Han pasado siete días de la noche en la que murió Gabriel. Siete días donde el psiquiátrico ha estado de luto, donde el miedo, la tristeza y el terror se notan en cada rostro de las personas dentro de él, el pánico al poder ser los próximas victimas resaltando sobre aquellas emociones. Nadie sabe como sobrellevar la muerte de uno de los psiquiatras, ni sus compañeros ni sus pacientes, mucho menos la familia Losht. Un día después de que la noticia corriera por cada rincón del psiquiátrico, que el pánico y el miedo empezaran a difundirse, el dueño del centro y padre de Gabriel llegó conjunto al resto de su familia. Tres mujeres que aparentaban tener más de 25 y 30 años, una adolescente de menos de 16 y una pequeña niña de 7, todas siendo sus hijas y por lo que me entere, cada una de madre

