CAPITULO 57. ‹‹Yo puedo… Yo puedo… Yo puedo…›› pienso una y otra vez mientras mi cuerpo pide a gritos agua y alimento y una cobija o un suéter para el frío infernal que tiene la habitación, donde me han encerrado por más de una semana (tal vez más, tal vez menos), cumpliendo al pie de letra el plan que esos estúpidos tenían destinado para mí; siendo el primer paso ponerme tan débil que no pueda pelear por mi misma para cuando venga el segundo, que consiste a llevarme al cuarto de asquerosos hombres con problemas más que mentales. Estos días no es que no he comido o bebido nada, porque lo he hecho, pero la ridícula cantidad que me han servido (solo tres veces en siete días), obviamente no llena a ningún ser humano ni sirve para al menos silenciar el ruidoso sonido del estom

