La Noche de Plumas había comenzado. Damián ajustó su antifaz n***o y atravesó las puertas principales del lugar con el pulso acelerado. Sabía que ella estaba allí. Tenía que estarlo. El aire estaba impregnado de una mezcla embriagadora de perfumes costosos, licor y la calidez de cuerpos demasiado juntos en un ambiente que incitaba al misterio. La iluminación era baja, con enormes candelabros de cristal filtrando destellos dorados y reflejando la opulencia del evento. Todo el lugar tenía una estética lujosa y teatral, como si fuera un baile de otro siglo transportado a la modernidad. Las mujeres desfilaban con vestidos de seda, encajes y transparencias provocadoras, adornadas con antifaces elaborados, algunos con plumas que se extendían como alas. Los hombres, vestidos en trajes impeca

