Celos, plumas y encajes.

2201 Palabras

Las puertas de la oficina de Javier se abrieron de golpe, resonando con un estruendo que hizo que la secretaria diera un pequeño brinco en su asiento. Pero Damián no le prestó atención. Entró como un huracán, con la respiración entrecortada y los ojos encendidos de furia contenida. Su mirada escaneó la habitación en busca de ella… pero solo encontró a Javier, cómodamente sentado detrás de su escritorio con el codo apoyado y una sonrisa mordaz apareciendo en sus labios. Damián cerró la puerta con un portazo y comenzó a caminar de un lado a otro como un animal enjaulado, su mandíbula apretada hasta el punto de dolerle. Javier lo observaba con evidente diversión, tamborileando los dedos sobre la madera del escritorio, disfrutando cada segundo de la desesperación que desprendía su amigo.

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