Conversaciones de Padre a Hija

1159 Palabras
Y mientras tanto, en el palacio de Atenas, el rey Helios, se encontraba en su despacho, esperando a recibir a la princesa para conversar de padre a hija. —Amanda, hija, te mandé a llamar, porque debemos conversar, dijo el rey. —Padre, aquí me encuentro, ¿qué eso tan importante que me quieres decir?, dijo la princesa. —Como bien sabes, y cuando estuvisteis en el encuentro pasado, sobre la posible invasión de los bárbaros a nuestras tierras… —Si claro, padre, ¿Cómo vas con eso?, Preguntó la princesa mirando a su padre a los ojos. —Mandamos a un grupo de soldados y diplomáticos, en total 5 personas, para investigar lo sucedido con el ataque a los soldados de la ciudad de Tesalia, respondió el rey haciendo una sinopsis sobre los acontecimientos. —Y falta pocos tiempos para Olimpiadas, ¿no?, dijo la princesa, como brindando su aporte a la conversación. —Sí, ya fueron anunciados y publicaron pancartas en todas las ciudades de Grecia, indicó el rey. —Bueno, hija, volviendo al tema, como bien sabe, Atenas, no cuenta con un ejército numeroso, a raíz del conflicto político que hubo, durante el reinado de tu abuelo. En esa entonces, fueron muchas las bajas y desde ese instante no se le ha dado tanta importancia al aumento del ejército, a pesar de que es un acto voluntario, una gran cantidad de hombres y jóvenes se han unido a las filas. Helios hizo una pausa y recordó cuando era muy joven y su padre hablaba sobre el temor que sentían los Espartanos por el gran crecimiento vertiginoso de la ciudad de Atenas. — La guerra entre Esparta y Atenas, que desató una rivalidad insondable entre estas dos ciudades de la Antigua Grecia, fue la Guerra del Peloponeso. Las ciudades fronterizas también se vieron afectadas por el conflicto, y muchas de ellas fueron obligadas a tomar partido. Las aliadas de Esparta formaron la Liga del Peloponeso, y las de Atenas, se erigieron en la Liga de Delos. La guerra ocurrió entre los años 431 y 404 a.C. extendiéndose por 27 años. La Guerra del Peloponeso se desarrolló en tres fases divididas por períodos de paz pactada. Estos períodos fueron los siguientes: La Guerra Arquidámica fue el primer período, en el que el dominio marítimo de Atenas se opuso a la clara ventaja militar de Esparta. Esta etapa culminó con la Paz de Nicias. La paz se rompió y hubo nuevos combates en el Peloponeso, que desencadenaron la segunda etapa de la guerra, que terminó en un desastre para Atenas, con la pérdida de gran parte de su ejército. La tercera fase fue conocida como la Guerra de Decelia. En ella, Esparta se alió con los persas y los sátrapas de Asia Menor, incitando a revueltas en las ciudades afines a Atenas. El resultado fue la destrucción de la flota ateniense y la rendición de la polis. La guerra acabó en el año 404 a.C. con la derrota de Atenas. Sin embargo, la visión del mundo ateniense se impuso y extendió por el mundo entero. Esparta, devastada también por los efectos del conflicto, vio pasar rápidamente su época dorada. —Debemos seguir fomentando de que más hombres valientes se unan a las filas para la defensa de la ciudad. Respondió la princesa con voz firme. —Sin embargo, Atenas es la ciudad más próspera de Grecia, se ha destacado en la política, educación y la cultura. Respondió el rey a su hija. Helios, veía que su hija, tenía iniciativa y criterio para la política, su opinión se basaba en brindar soluciones a mediano y a largo plazo, pensando siempre en el futuro. En pocos días, estará llegando la comisión de seguridad que enviamos a Tesalia y seguramente traerán noticias de sus exploraciones. —Políticamente hablando, debemos firmar acuerdo y hacer pactos con otros reinos, para que Atenas se mantenga de pie y así evitar que las demás ciudades caigan. Respondió el rey. —En pocas palabras hay que hacer muchos sacrificios y unificar fuerzas, respondió la princesa. —Y supongo que yo debo honrar mis compromisos como princesa, respondió la princesa con un tono de vos suave, pero sarcástico. El rey miró a la princesa fijamente a sus ojos, como cuando un padre le decía a su hija que debía hacer su tarea o hacer la cama, claro que la última actividad, no correspondería a la princesa. Ambos se vieron. Hubo un minuto de silencio y continuaron con la conversación. —Supongo que debemos ofrecerme para casarme, con alguien quien no quiero, respondió la princesa con vos de inconformidad. El rey miró nuevamente a su hija, diciendo —Deberás hacerlo por tu padre, por ti y por el bien de tu pueblo, que te estima y espera de sus reyes, protección y respuestas. Respondió el rey. —¿Y quién será mi futuro esposo?, preguntó la princesa en un tono de vos seco. — Seguramente con el príncipe Demetrius o al menos que haya alguna mejor oferta, respondió Helios —Amanda, sé que no te gusta mucho la idea del matrimonio con alguien a quien no amas, o no conoces, pero no elegimos ser reyes, pero esos son los sacrificios que todo monarca o político debe hacer para que el poder prevalezca, de lo contrario caeremos en manos de los bárbaros, y serán ellos los que gobiernen nuestras tierras prósperas, y no pasaran meses o días, para que sequen y vuelvan infértil a toda Grecia. Pondrán a las mujeres como esclavas sexuales, niños y niñas maltratadas y abusadas por la explotación laboral. Tus derechos como ciudadanos se perdería y todas tus comodidades quedarían absorbidas por ellos y sus mujeres. —Ya no serás más princesa, seguramente te pondrán a trabajar como esclava s****l en uno de sus burdeles de mala muerte y té veraz obligada a obedecer sus caprichos y fantasías sexuales. —Ese es el futuro, que no espera a todos, si tú no cumples con el rol de princesa, y yo, como tu padre, moriría de pie defiendo el reino, por Atenas y por ti hija. Pero una cosa es la valentía y la fuerza de voluntad, que tengamos como guerrero y otra muy diferente es la realidad, nuestro enemigo es más fuerte y nos superan en números, mucho más que, los Espartanos. —¿Eso es lo que tú realmente quieres para tu futuro princesa? De pronto una lágrima corrió por la mejilla y una expresión de sufrimiento se dejaba notar en la mirada de Amanda. —El deber llama y no puedes faltar a tan importante compromiso. Fuiste Educada y formada en la realeza y tu pueblo te necesita. —Es todo por los momentos. Gracias por venir y espero podamos volver a hablar sobre el tema y así conocer pronto tu decisión, respondió el rey con vos autoritaria. —Así será papá, en pocos días sabrás mi decisión. Respondió Amanda con vos firme. .
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