La pregunta de Lisette había dejado suspendida en el aire una tensión palpable, aunque podría deberse más a la escena que se desplegaba ante sus ojos. Lord Saren, con la desesperación claramente marcada en su rostro, caminaba entre los c*******s esparcidos por el suelo del templo. Su cuerpo estaba rígido, sus movimientos tensos, como si un frágil hilo de cordura lo mantuviera aún en pie. Cada paso que daba era un grito silencioso en su interior, una súplica ahogada. Sus manos temblaban al girar los cuerpos inertes, rezando en silencio por no encontrar entre ellos el frágil cuerpo de su pequeña. Sus murmullos eran casi inaudibles, una mezcla de plegarias al vacío y gruñidos de ira contenida. La lucha en su interior era evidente: un titánico esfuerzo por mantener viva la esperanza mientr
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