Sus pestañas oscuras se agitaban mientras dormía… haciéndolo preguntarse qué contenían esos sueños. Toya elevó el descanso sobre la cama y se recostó en la cabecera al lado de ella. No había manera de que lo sacaran por la fuerza ahora. Era muy posible que esta fuera la última oportunidad de recostarse al lado de ella y él iba a tomar ventaja de eso. Estirando sus dedos, los atravesó por su sedoso cabello observándola acomodarse en un sueño más profundo. Era obvio que ella lo necesitaba y sabía que él estaba allí con ella. Él suspiró maravillándose ante semejante vínculo. Todo lo que él quería era que ella fuera feliz, incluso si Kotaro era el que lo lograba. Pero ella era su maldición. Él había pasado por muchos tiempos difíciles con ella y no quería renunciar a eso. No quería renunciar

