Eligiendo el calmante sonido sobre el misterioso silencio, Kyoko dio tropezones hacia la fuente y miró hacia arriba para tratar de orientarse. Sus ojos cayeron sobre la más hermosa estatua de un ángel que ella nunca había visto. El ceño fruncido arruinaba sus facciones porque ella nunca había notado su belleza antes, pero había algo acerca de la estatua que la hacía sentir a salvo, segura. En algún lugar muy adentro de su mente ella sabía que lo único que estaba mal con la estatua hecha por el hombre era que los ángeles no eran mujeres… ellos eran hombres. Ella mordió su labio inferior preguntándose por qué ella siempre había pensado eso. Sus alas estaban abiertas como en vuelo y los brazos estaban abiertos como abrazando la luz celestial. Las manos volteadas con los dedos perezosamente

