– Creo que debo corregirte –, dijo Hyakuhei. – Yo no me la llevé. Tal vez deberías agradecerme por prolongar el favor y dejar que la pobrecita se suicidara hace tanto tiempo. Ella posee tantos secretos, demasiados para alguien tan pura –, finalizó mientras le daba a Kyoko una mirada de complicidad. – ¡Maldito mentiroso! – gritó Toya. Hyakuhei se volteó hacia Toya y dejó que una esquina de su sensual boca se levantara en lo que pudo haber sido una mueca como una expresión que mostraba un leve asco. – Dime, niño, ¿alguna vez te he mentido? – preguntó Hyakuhei. Lamió sus labios ante la delicadeza con la que estaba a punto de darse un capricho. Sí, la traición del corazón acompañado con lágrimas y odio dan lugar a un excelente sabor en el paladar. – ¡Ella no se suicidó! Tú la mataste… – lo

