En el pasado, lobos y vampiros siempre se habían evitado. Ninguno se preocupaba por el otro, escogieron dejarse en paz. Ambos estaban muy cerca de emparejar fuerza y a ninguno le importaba dominar sobre el otro. Ellos solo existían juntos en el mismo mundo, manteniendo la mayor parte para sí y vivían sus propias interminables vidas. Todos los instintos de Kotaro cobraron vida viendo al vampiro de pie en las sombras… mirándolo. No podía verlo con suficiente claridad para notar algún rasgo característico, pero su instinto le dijo que el chupasangre era una amenaza. Aún necesitaba soltar la lujuria de su sangre y se sonó los nudillos pensando que podía ser uno de los subordinados de Hyakuhei. Justo cuando decidió volverse y atacar, la imagen se volvió fuerte, luego titubeó y desapareció. –

