Toya podía sentir la furia intensa que venía de la forma silenciosa frente a él. Su propia furia aumentó cuando se dio cuenta de que Kotaro lo había podido atacar. – ¿Pero qué carajo pensabas que hacías en el cuarto de Kyoko, maldito sátiro? – respondió con una pregunta propia. Kotaro se dio cuenta que se iba a poner ruidoso cuando la voz de Toya comenzó a elevarse. Dio una ojeada hacia la habitación de Kyoko y viendo que la puerta aún estaba entreabierta, movió con brusquedad su cabeza hacia la puerta principal gruñendo las palabras: – Llevemos esto afuera antes de despertarla. Cuando parecía que Toya se iba a oponer a la idea, Kotaro lo tentó sabiendo que funcionaría. – A menos que tengas miedo de enfrentarme –. Sonrió con suficiencia y lo miró con furia a la vez, pues sabía que Toya m

