Cónclave en el paraíso

2000 Palabras
Sam pasó su mirada lentamente por cada uno de los celestiales que estaban en aquel momento reunidos, estaban alrededor de los anillos de Saturno, aquel era el lugar de reuniones para los ángeles; algunos de los presentes eran reconocidos por Sam, los tres arcángeles primordiales, Miguel, Rafael y Gabriel; algunos querubines no muy cercanos y otros un poco más como Siok, el domador del tiempo; algunos serafines además de otros ángeles menores de los cuales a penas tenía noción de su existencia. Todos los que estaban allí reunidos dirigieron su mirada a Sam el cual tenía una mezcla de ira y desconcierto. -¿Me estaban esperando? -preguntó Sam girando sobre sí para tener de frente a quien le hablaba- No recibí ninguna carta  de invitación hermano -añadió con un tono burlesco reconociendo a quien tenía cara a cara, el cuarto arcángel, Ángelo el más fiel de los celestiales. -No necesitas una invitación para venir a casa -respondió Ángelo continuando con la actitud que mostraba Sam. -Tal vez no, pero supongo que cuando se trata de una reunión de todos los celestiales sería bueno enviar algún mensaje para avisarme. Sobre todo cuando el planeta entero se cae a pedazos -repuso el otro con tono de reproche, se notaba un poco más de ira en su voz- y sería de más ayuda si respondieras cuando intento comunicarme contigo ¿Por qué cerraste el canal de comunicación? -Mea culpa -confesó Ángelo dándose un golpe en el pecho e inclinando levemente la cabeza- me correspondía avisarte, pero entre los preparativos de la reunión y comunicarles a todos se me pasó de largo avisarte -aquello no alivió para nada la expresión de Sam-  por otro lado, el haber cerrado el canal no fue decisión mía, fue una decisión unánime para evitar posibles intervenciones en la comunicación. -Pero si es comunicación telepática -Sam lo interrumpió- ¿Cómo podría alguien intervenir la comunicación? Creí que era de único acceso para los angelicales.  -Así se supone que debería funcionar -una tercera voz se unió a la conversación. Se trataba de Miguel, uno de los arcángeles primordiales, su voz era profunda y potente- ven Sam, siéntate, deja que te expliquemos lo que está sucediendo -Sam sintió que una corriente eléctrica le recorrió la columna y todos los cabellos de su cuerpo se pusieron de punta solo de escuchar la voz de Miguel- discúlpanos por el error cometido al no avisarte de esto con antelación, sin embargo, somos conscientes de que has decidido mantenerte al margen de ciertos asuntos debido al estilo de vida que has optado tener en la tierra. Sabemos que no es excusa suficiente para enmendar nuestro error pero hacemos lo que podemos, no somos omnipotentes como Él. Sam se sentó junto a su hermano Ángelo, si bien todos eran hermanos, entre ellos dos el vínculo fraterno era más fuerte ya que ambos eran híbridos de humanos y angelicales, además ambos ostentaban títulos entre los más altos rangos de la jerarquía celestial cada uno en su respectiva arca. -Muy bien, ya que estamos todos aquí es momento de iniciar con este cónclave- anunció Gabriel que estaba al lado izquierdo de Miguel- Serafines, cierren por completo la entrada del purgatorio, ninguno de ustedes debe permanecer en el exterior -su voz era como un trueno, sonaba en todo el orbe pero sin resultar incómoda al oído- daremos inicio a esta reunión, ningún otro ser debe entrometerse en este lugar, todos los canales deben estar cerrados, nadie entra o sale y tampoco se oirá ni se dirá nada en el exterior. Al momento hubo un sonido de cadenas y candados moviéndose por todo el lugar, la entrada que conectaba el purgatorio con el cielo se cerró, un par de serafines se quedaron en la puerta asegurando los candados y evitando todo tipo de movimiento en sus cercanías. -Hermanos -comenzó Rafael a la derecha de Miguel, su voz era suave y viajaba como una brisa por todo el lugar- este es el fin de nuestro mundo -sentenció sin rodeos, de inmediato un murmullo se extendió por todo el recinto- por favor, mantengamos el orden. Es cierto que ya hemos escuchado muchas veces estas mismas palabras y que en diferentes ocasiones hemos podido solucionarlo por nuestros propios métodos o con ayuda de otros seres; sin embargo esta vez es diferente, las estrellas han hablado, los sabios protectores de las estrellas han dictado sentencia contra la humanidad y por ende, el mundo entero sufrirá la ira de las estrellas. -¿Qué opina Él al respecto? -preguntó Sam alzando la voz- No se quedará de brazos cruzados mientras esos ancianos se encargan de destruir la tierra. -Tranquilo Sam -le respondió Ángelo- Eso mismo pensamos todos, sin embargo la voluntad de las estrellas es la voluntad de Él, los sabios están por encima de nosotros en la jerarquía celeste, ellos están conectados de manera indivisible con Él y las demás divinidades de este mundo. No podemos hacer nada al respecto, como dije, la voluntad de los sabios es su voluntad. -¿Dónde está? -Sam se notaba molesto, Ángelo intentó tranquilizarlo lanzándole una mirada compasiva- Necesito hablar con Él ¿Dónde está? -Lo siento Sam, pero eso no será posible -le respondió Gabriel- Él no se reunirá con nadie en este momento, es por eso que estamos nosotros aquí, como bien lo ha dicho Ángelo, su voluntad ha sido esta, aún así sabemos que Él nos escucha y las condiciones para poder hacer que cambie de opinión, como sucedió en otro tiempo, si un solo humano muestra seguir fiel a su origen y es capaz de ser uno con la naturaleza creada seguirá existiendo esperanza para la humanidad, de lo contrario estará extinta.  -Y mientras tanto ¿Qué? -repuso Sam de nuevo- Nos quedamos aquí de brazos cruzados mientras vemos como esos desgraciados hacen de la suyas con la tierra. -¡Sam! -vociferó Miguel poniéndose muy serio- No permitiré que uses ese lenguaje muchacho, entiendo tu descontento al respecto, créeme que también me siento frustrado por no hacer nada al respecto, pero como bien dijo Gabriel, la única manera de lograr cambiar el destino de la humanidad es presentando al menos un humano que pueda dar prueba de la esperanza de la humanidad, y por eso te tenemos a ti, eres el portador de la esperanza, el angelical que mejor conoce a la r**a humana por dentro y por fuera, dinos si sabes de la existencia de este humano. Sam se levantó de su asiento, todos estaban con sus ojos fijos en él, el querubín pasó una mirada lenta por los rostros de todos, algunos tenían el ceño fruncido, otros tanto tenían el semblante triste y unos más estaban a la expectativa de lo que podría pasar. Sam se alejó un poco de allí y volvió su mirada a la tierra. Todo era un desastre, gritos, llantos, desastres, golpes, sangre, defunciones, heridas graves, niños huérfanos, esposos viudos, madres con los cuerpos de sus niños en brazos, personas que maldecían todo lo divino sin parar. Por primera vez en su vida Sam se sintió perdido, no lograba encontrar a nadie con las características necesarias, debía ser completamente humano,  conocía algunos híbridos menores y mestizos sin tanto reconocimiento que podían ser candidatos, pero su sangre no era completamente humana. Sam dejó caer un par de lágrimas de sus ojos ¿Había llegado realmente el fin de la r**a humana? ¿Su misión había fracasado? No, no podía ser así; cerró con fuerza su puño, volvió su rostro a sus hermanos para darles una respuesta, pero antes de que pudiera decir algo todos adivinaron la respuesta en sus ojos. Un silencio sepulcral se apoderó del cielo por completo, un silencio como no se había sentido desde los tiempos ancestrales cuando Luzbel fue desterrado del paraíso.  -Muy bien, parece que está todo sentenciado -concluyó Miguel- Hermanos, vayan y hagan compañía a los humanos, preparen la bienvenida para los que vendrán, esto será un verdadero éxodo. -Esperen -logró soltar Sam con un nudo en la garganta- ¿Debe haber otra posibilidad? -los tres arcángeles primordiales lo miraron como un padre mira a su hijo cuando quiere remendar un daño irreparable- ya lo sé, hablaré con los sabios, los convenceré de cambiar su decisión, puedo hacerlo, déjenme intentarlo. Los tres arcángeles se miraron entre sí, no necesitaban palabras para comunicarse entre ellos, solo con la mirada se decían todo. Gabriel tomó la palabra. -Bien, sabemos que incluso si no te dejamos lo harás, así que ve a intentarlo -Sam mostró una amplia sonrisa al escuchar aquello- pero hay una condición, primero debes enlazarte a una estrella, supongo que habrás escuchado muchas veces el tema del horóscopo entre los humanos y sus muchas costumbres sobre este, pues debes saber que en cuanto a los humanos nada de esas cosas es cierta para ellos, únicamente son de relevancia esos asuntos para los seres de otras naturalezas, es decir, los celestiales, los infernales, los híbridos y los mestizos. Así que, al igual que los humanos tienen su ángel de la guarda, nosotros los celestiales tenemos nuestra estrella protectora. -Bueno, creo que ya sé cual es la mía -indicó Sam- La estrella de la constelación de la virgen.   -Eso es correcto -respondió Miguel- Virgo será tu estrella protectora, recibe la marca estelar. Un cosquilleo recorrió toda la mano izquierda de Sam y un segundo después sintió como fuego en su brazo, acto seguido un poco de tierra cayó de su mano; Sam soltó un grito mientras sentía la quemadura se remangó la manga de la prenda que llevaba y notó que llevaba el símbolo de Virgo marcado en su brazo. -Muy bien, la estrella de Virgo te ha reconocido como uno de los suyos -declaró Gabriel- ahora ve a cumplir con lo que tienes planeado, no queda mucho tiempo y la tierra no aguantará mucho más. Si nadie más tiene algo que decir vayan a seguir con su misión -todos los ángeles comenzaron a desplegar sus alas y se iban en pares o solos, Gabriel fijó sus ojos en Sam una última vez- Confiamos en ti, también eres nuestra esperanza -le dedicó una sonrisa y se fue. El último que se quedó con el muchacho fue Ángelo. -Muy bien ¿Cuál es tu plan? -dijo el arcángel acercándose a Sam- ¿Por dónde empezamos? - Haré esto sin ti Ángelo -respondió Sam y el semblante del otro quedó desarmado- lo siento pero este es mi deber como portador de la esperanza, tú tienes que hacer tus cosas, además ya estoy grande como para que tengas que venir siempre conmigo, Lili me acompañará, a ella no la puedo convencer, pero a ti sí; debo hacer esto solo hermano. -está bien, pero que conste que me ofrecí como tu ayudante -desplegó sus alas y antes de irse agregó- Otra cosa curiosa entre nosotros hermano, ambos tenemos la misma estrella protectora. Sam se quedó completamente solo en aquel lugar, se agachó a tomar la tierra que había caído de su brazo sin entender a qué se debía; conocía las constelaciones y sabía que cada una estaba relacionada con algún elemento, Virgo correspondía al elemento tierra; al parecer era la manera de sentenciar su vínculo con aquella estrella. dio una última mirada a la tierra y sintió que alguien estaba a su lado. -lo harás Sam, sé que sí -una voz cálida y con un tono familiar le habló; no pudo distinguirla, tampoco vio a su emisor, no había nadie a su lado. -Qué extraño, juraría que alguien me habló -dijo en voz alta- como sea, no hay tiempo que perder. El mundo llegará a su fin ¿Solo yo puedo salvarlo? Parece irreal, aunque a decir verdad, ya nada me asombra de este mundo. En fin, si nadie más puede hacerlo, lo haré. A estas personas les queda mucho por vivir todavía. Bajó del cielo triste al encontrarse con aquel panorama entre sus hermanos, aún así estaba decidido y tenía fe en que lo lograría.
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