Capítulo 2

4764 Palabras
MÓNACO MONTECARLO POV ZAHIRA —Estoy contenta de que hayas aceptado venir a visitarme —chilla Cassy emocionada en cuanto me ve salir por la puerta del aeropuerto. Coloco mis ojos en blanco al ver como da saltitos de felicidad mientras se aproxima a mí, todos a nuestro alrededor la miran pero eso parece importarle a ella poco. Que no se le ocurra darme uno de esos abrazos estranguladores que te quitan hasta el aire...los odio. Por más que mi padre me pidió que usara el jet privado me negué, no me molesta subirme a un avión con otras personas y la comodidad que brinda la primera clase es muy buena. No estoy aquí precisamente porque quiero y mucho menos he venido para visitar a mi hermana, pero quien soy yo para romper sus ilusiones, mi padre me ha enviado para que asista a la celebración del cumpleaños número veinticinco de los gemelos Eline y Jonathan Grimaldi, príncipe y princesa de la casa real de los Grimaldi, los próximos herederos del principado de Mónaco. En realidad no quisiera asistir sola y mi hermano no vendrá conmigo por los problemas que tiene pero ese es otro asunto, a diferencia de mi hermano y por más problemas que tenga, yo no evado mis compromisos reales, aunque en estos momentos mi vida sea una mierda eso no quiere decir que tenga que dejar de cumplir con mi deber. ¿Y por qué mi vida es una mierda? Pues la respuesta es muy sencilla. Por ser una estúpida, por haber entregado mi corazón a la persona equivocada. Llegué a tener la vana esperanza de que el seria mi esposo, pero no. Él muy hijo de puta huyó como un cobarde al poco tiempo de conseguir lo que quería. Ese maldito se llevó esa noche mi dignidad, mi honra y mi honor. Pero la culpa la tuve yo por cometer la estupidez de abrirle mi corazón así de la misma forma en que le abrí mis piernas, mi padre aún no sabe nada y aunque sé  lo liberal que es con nuestras costumbres. No le caería muy en gracia el saber que su hija ya no es virgen y menos que el hombre que la deshonró salió huyendo más rápido que flash. —A mí también me alegra estar aquí —le miento a mi hermana mientras finjo una sonrisa. Como era de esperarse mi hermana me abraza hasta sacarme el aire y tengo que darle un leve empujón para que me suelte. No me gusta de a mucho las muestras de afecto y ella lo sabe. —Pero mira nada más lo hermosa que te has puesto Zayi —me halaga Cassy  mientras me toma por una de mis manos y me gira. —Y tú no te quedas atrás —le digo de todo corazón, Cassy pasa una de sus manos por encima de mis hombros y me atrae a ella mientras comenzamos a caminar. A pesar de ser solo medio hermanas nuestro parecido es innegable, siempre recalcan lo mucho que me parezco a nuestra madre, pero mi hermana es la viva estampa de ella; con su cabellera rubia y sus impresionantes ojos marrones es más que suficiente para confundirlas. Un hombre corpulento de algunos treinta y tantos, pelinegro, de rasgos muy atractivo aguarda por nosotras en el auto estacionado afuera, Cassy me suelta y se lanza en los brazos del hombre y me siento incómoda al ver como mi hermana lo besa metiendo su lengua hasta lo más profundo de su garganta, tengo que esquivar la mirada para no ver tan bochornosa escena, siento como mi rostro comienza a arder y eso que no es a mi a quien besan. —Ay...lo siento Zayi que mal educada soy —pronuncia mi hermana de forma entrecortada. "TRANQUILA...NO SE NOTA" —Él es mi prometido Daniel —el hombre da una cabezada en forma de saludo y los dos se miran con adoración, siento como se me estruja el corazón al recordar que no hace mucho también miré a alguien de esa manera y me siento estúpida por ello. —¿Tú prometido? —le cuestiono un poco incrédula después de analizar sus palabras. —Si —se acerca a mi como si me fuese a decir un secreto—, nadie lo sabe, tú eres la primera que se entera —me susurra y le sonrío. Me gusta que mi hermana me confíe sus secretos, siempre fuimos muy unidas y aunque nos separamos cuando ella decidió mudarse a Francia para forjar su vida, veo que seguimos compartiendo esa misma complicidad. —De verdad me alegra que te vayas a casar. Me acerco al hombre con paso firme y lo halo por el cuello de su camisa. —Como le llegues a romper el corazón a mi hermana, te juro que después vendré yo a romperte las bolas —gruño y el hombre enarca sus cejas. —Carajo...es cierto lo que decías de su carácter difícil —pronuncia mirando a mi hermana. —Deveria ser yo la que en estos momentos estuviera triturandole las bolas a cierto desgraciado —habla Cassy algo molesta y mis entrañas se remueven por revivir ese recuerdo—, pero cierta persona se niega a decirme quién es —me mira en forma de reproche mientras me quita las manos del cuello de su prometido. Tan territorial y posesiva como siempre. La misma noche que ese hijo de puta me abandonó en Londres llamé a mi hermana llorando a mares para contarle todo. —Déjalo ya, no vale la pena —digo tajante y entro al auto sin esperar que nadie me abra la puerta. Mi hermana habla algunas cosas con su novio antes de entrar al auto y después de unos minutos entran los dos en silencio. Todo el camino no pronunciamos ninguna palabra y en verdad lo agradezco, no quiero hablar del tema y mucho menos que me pregunten algo de lo que no quiera dar respuesta, seria grosero de mi parte y no quiero causar mala impresión. Disfruto de la hermosa vista que ofrece Montecarlo, los grandes caseríos van quedando atrás y ahora lo que queda a la vista son las imponentes mansiones de la zona más adinerada del lugar, siempre me imaginé que a mi hermana le iba bien ejerciendo su carrera de arquitecto, pero jamás pensé que le daría para vivir en un lugar tan lujoso como éste. Nuestro padre siempre le insistió para darle su ayuda económica, pero mi hermana lo rechazó muchas veces alegando que no necesitaba de su dinero para poder vivir, que ya le había bastado y sobrado con que le diera muchas comodidades cuando ella y mi hermano mayor eran niños e incluso le agradecía haber pagado sus estudios en las mejores escuelas pero ahora ella era toda una mujer hecha y derecha, y podía forjar su propio camino...nosotras siempre hemos sido tan independientes, incluso yo me he negado a manejar las empresas de mi padre, mi hermano Zahel y mi hermano Anthony son los que en estos momentos se están haciendo cargo de ellas y aunque me gusta ser independiente tengo algunos negocios y contratos con las empresas de mi padre. Mi boca se abre de manera exagerada y tengo que obligarme a cerrarla para evitar que mi mandíbula caiga al piso del auto, siempre he estado acostumbrada al lujo y excentricidades, pero ver las maravillas arquitectónicas que mi hermana es capaz de crear me asombra, más que una mansión parece un palacio, el auto atraviesa las grandes verjas negras y me maravillo con la vista, los jardines son verdes y llenos de flores, la entrada muy amplia y tiene en el medio una gran fuente, las paredes tienen un toque envejecido que las hace ver muy elegante y los grandes ventanales la hacen parecer una gran caja de cristal, bajo del auto hipnotizada y mi hermana me sujeta del brazo para guiarme adentro, un hombre de rasgos asiáticos sale de la mansión y hace una reverencia cuando nos ve. —Hung mij, has el favor de bajar las maletas del auto y colócalas en la habitación de mi hermana —le ordena mi Cassy y el hombre asiente. —Sabes que puedo alquilar un lugar mientras permanezco aquí ¿Cierto? No quiero ser una molestia. —Ni de coña —se niega—, tu eres mi hermana y te tienes que quedar conmigo. —¿No será más bien, que cierto Malik árabe te dijo que me mantuvieras vigilada? —le cuestiono. —Bueno, eso también —Admite de manera divertida y las dos reímos. Entramos a la casa y si antes había dicho lo majestuoso que era afuera, no hay palabras para describir el interior, los pisos son resplandecientes y muy pulidos, las paredes del lugar están pintadas de azul y blanco dándole un toque victoriano, la decoración es sencilla pero muy bien escogida y sin duda este lugar es de ensueño. Subimos las escaleras Y buscamos mi habitación, entramos por la tercera puerta del pasillo y ahí está, todo como a mi me gusta. —Recordaste mi color favorito —le digo encantada a mi hermana. —Nunca se me olvidaría que te gusta el rosa empalagoso —pronuncia con sorna y la miro de mala gana—. ¿Quieres ir a la playa? —me cuestiona de repente—. Playa Lobato es hermosa y así podrías distraerte un poco —agrega dándome animo. La verdad no quisiera ir a ninguna parte y mi hermana está tan contenta que no soy quien para dañar su felicidad, pero de verdad estoy muerta de cansancio y lo que menos quiero ahora es ir a asolearme ya he tenido mucho con el sol sofocante del desierto. —No...gracias —noto el desánimo en su rostro—, estoy un poco cansada por el viaje y por ahora solo quisiera descansar tal vez otro día—agrego y ella asiente. —Bueno, Daniel y yo iremos más tarde, si cambias de opinión me avisas —se despide y cierra la puerta dejándome en la soledad de la habitación. Doy un suspiro y me tumbo boca arriba y con los brazos abiertos sobre la cama, quiero que este mes se pase volando, quiero regresar a la comodidad en mi apartamento en Londres, ese es otro tema que debo hablar seriamente con mi padre, no se puede seguir negando a que viva sola en Inglaterra, nunca me ha dado miedo y el tiene que aprenderme a soltar. Sé que el nunca me pediría que me casé para cumplir el deber que tengo con mi nación, pero también soy consiente que si me caso con alguien que traiga prosperidad a nuestras tierras seria muy conveniente para nosotros, tengo la sospecha de que mi padre no me quiere dejar ir a vivir sola, porque quiere que me case primero y no me ha dicho nada aún porque no quiere presionarme, como también sé que quiere que lo haga escogiendo yo misma. Los pretendientes me llueven eso no lo puedo negar, pero el verdadero problema aquí soy yo. Ninguno me interesa y al parecer esa inconformidad la heredé de el, mi madre siempre nos cuenta la historia de como se enamoraron ella y mi padre, y a pesar de que el la trajo con engaños para luego secuestrarla aún se aman sin importar nada. No estoy de acuerdo con la manera en las que se dieron las cosas entre ellos, pero así es el amor y gracias a eso mi hermano Zahel y yo existimos. Busco mi teléfono móvil en mi cartera y comienzo a ver mis r************* , noto que una de mis amigas con la que estudié en la universidad se casó la semana pasada. "vaya...al parecer ahora todo el mundo lo está haciendo y tu eres la única que no tiene con quién" Ay...ya cállate maldita consciencia... Coloco mis ojos en blanco y sigo bajando, retrocedo con brusquedad cuando una foto llama mi atención. —No...ese maldito...hijo de perra —murmuro con los ojos  abarrotados por las lagrimas que amenazan en salir. La foto es de mi ex novio abrazando a otra chica con la que se ve muy feliz me hace hervir la sangre, pero eso no es lo que verdaderamente me afecta, lo que me afecta en realidad es lo que dice el pie de foto. "El exitoso empresario irlandés Edward BangCooper ha anunciado que contraerá nupcias el próximo mes con su hermosa prometida Eleonord Sweekman princesa de la corte real londinense" ¡Carajo...! ¿Por eso me dejó? Vio un mejor partido en esa chica y sin dudarlo fue por ella, bastardo hijo de perra. Tengo tantas ganas de matarlo que sé que con tan solo contarle todo a mi padre el lo traería ante mi y lo mataría, pero no. Aunque mi sangre árabe sedienta de venganza quiera destrozarlo no me rebajaría a ensuciarme las manos con una escoria como él y menos le permitiría a mi padre mancillar su honor por una basura como lo es Edward. Aprieto el teléfono con fuerza y lo lanzo con ira a un lado de mi cama, seco mis lágrimas y me niego a quedarme encerrada en la habitación llorando por un hombre que no se merece que aún lo ame, me levanto de la cama en un impulso lleno de furia y abro la puerta de un tirón, en el pasillo me encuentro a Daniel que en cuanto me ve sonríe. —¿Te puedo ayudar en algo Zahira? —inquiere de forma amable. —¿Aún irán a la playa? —le cuestiono ignorando su anterior pregunta. —Si, precisamente ya nos íbamos —responde calmado—. ¿Quieres venir con nosotros? —Sí —respondo de forma tajante y comienzo a bajar por las escaleras. —Zahira, yo te hacia dormida —habla mi hermana un poco extrañada al verme. —Quiero ir a la playa a despejar mi mente  —respondo y ella achica más sus ojos pero no hace más preguntas al respecto. —Muy bien cariño. ¿Y tú traje de baño? ¿TRAJE DE BAÑO? OH...MIERDA. —No tengo —confieso—, no vi la necesidad de empacarlo si solo me voy a quedar un mes y en mis planes no estaba ir a la playa. —Entiendo —pronuncia detallándome—. ¿Sigues teniendo la misma talla? —Si. —Tengo uno que sé que te quedará estupendo —pronuncia emocionada mientras comienza a subir por las escaleras. —¿A dónde vas? —A buscar el traje de baño a mi habitación —vocifera—, si quieres ve subiendo al auto con Daniel —agrega y veo como Daniel me hace una señal con la cabeza para que salgamos. Su look es despreocupado, jeans negros y una playera del mismo color, su cabello un poco largo que mantiene con un corte moderno, está alborotado y lo hace lucir muy atractivo. —¿A que te dedicas Daniel? —le pregunto para romper el silencio que se ha instalando en el auto. Daniel quita la vista de su móvil y la desplaza a mi dedicándome una mirada amable. —Soy artista —responde encogiéndose de hombros. —¿Artista? —inquiero algo sorprendida. —¿Alguna vez haz escuchado de la galería Renacimiento? —Si —contesto algo emocionada. Si hay algo que ame más que los negocios es el arte y aspiro a ir a muchas de las galerías de la ciudad para apreciarlo. —Quisiera poder ir a la próxima exposición de arte, tengo entendido que es un poco difícil conseguir invitaciones —agrego. A pesar de ser una princesa árabe hay cosas que ni el dinero pueden comprar, podría decirle a mi padre que arregle que habrán la galería solo para mi, pero sería muy aburrido estar sola. —Si quieres yo te puedo dar un pase premium por todo un mes para que vayas las veces que tu quieras. —¿Así nada más? —Claro....yo soy el dueño. Mis ojos se abren desmesuradamente por la noticia y una muy amplia sonrisa se expande en mi boca. —¿Eres  Daniel Moccino? —Así es —confirma y no puedo de la emoción. —Soy fan número uno de tu arte —chillo emocionada. Como fui tan estúpida de no haberlo reconocido antes. —¿Por qué tanto escándalo? —me pregunta mi hermana al percibir mi emoción. —Nada solo le acabo de decir a tu hermana que soy Daniel Moccino. Mi hermana sonríe ampliamente mientras niega con su cabeza mientras yo la miro mal por haberme ocultado la identidad de su novio. —Ten —me tiende un bolsita con el traje de baño dentro. La recibo y saco el contenido. —Ni de coña me pondré esto —me quejo. —Si lo harás —replica mi hermana y yo niego con mi cabeza—. Zayi —apoya su mano sobre la mía dirigiéndose a mi por el apodo con que ella me llama de cariño—. Eres una chica joven y muy hermosa, no entiendo por qué te empeñas en ocultar lo preciosa que eres. —¿Te tengo que recordar de dónde provengo? —Lo sé, pero esas son puras excusas, aquí estamos en Mónaco no en Talat Kabira. —Mi padre... —Nuestro padre, nada —me interrumpe—, sé que él no te impediría vestirte como una chica de tu edad —me regaña. Es cierto...mi padre nunca me prohibiría vestirme o hacer las cosas que yo quiero,  aunque no corre por las venas de mi hermana la sangre Moftafard ella fue criada con las misma costumbres, solo que siempre fue más liberal y no tenía que ajustarse tanto a los protocolos del palacio como mi hermano Zahel y yo. —Esta bien, pero si no me gusta como me queda me lo quitaré de inmediato —le advierto y ella asiente. Daniel pone en marcha la lujosa camioneta con vidrios polarizados y me recuesto de forma relajada en el espaldar de la silla, se siente tan bien no tener encima a la guardia real observando cada paso que doy y es refrescante el ambiente del lugar. Pasa aproximadamente media hora cuando llegamos a un lugar exclusivo, el sitio está repleto pero se puede notar el lujo y la alcurnia de las personas que lo frecuentan, bajamos del auto y Daniel muestra un pase VIP, mi hermana me arrastra a uno de los vestidores mientras Daniel busca un lugar en donde ubicarnos. —Sal de ahí Zahira, quiero ver como te queda el bikini. —No lo usaré en publico —me niego. —déjate de tonterías y sal ya. Abro la puerta del cubículo y mi hermana queda boquiabierta al verme. —Pareces una reina de belleza Zayi —me halaga y siento como mis mejillas arden por la vergüenza. —¿Segura que no me veo ridícula ni vulgar? —Para nada —responde. Me toma por uno de mis brazos y me arrastra al gran espejo que es de cuerpo completo, miro mi reflejo y ni yo misma reconozco mi cuerpo. El traje de baño me queda sencillamente espectacular, es de un color azul turquí, el bikini tapa todo mi trasero pero en la parte delantera hay cinco aberturas en forma de tirantes que van desde la mitad mi cintura, dejando al descubierto parte de mi zona íntima y mi ingle, el resto se ajusta perfectamente a mi silueta, la parte superior es un sujetador que cumple muy bien su función de cubrir mis senos. —¿Estas lista? —¿Si? —pronuncio dudosa pero sin darme tiempo de pronunciar algo más, mi queridísima hermana me saca del baño de un solo tiro. Varias miradas curiosas de algunos hombres se cruzan por mi camino pero yo los ignoro. —Voy a meterme al agua —anuncio para evitar que me sigan mirando y así lo hago. Suelto mi melena rubia y me sumerjo en el mar, el sabor salado del agua inunda mi boca y el delicioso olor del sodio se impregna en mi cuerpo, mi piel se enrojece un poco por el sol y después de unos minutos que se me antojan gloriosos me veo obligada a salir del agua para no aumentar las quemaduras en mi piel. Entrar al mar es como una terapia relajante, el agua tiene la capacidad de hacerme olvidar los problemas, sacudo mi cabello varias veces y me coloco mis sandalias, quiero beber algo y no quiero que Daniel me lo pague así que decido ir a la barra a comprar algo de tomar, de camino a la barra una de mis sandalias se desabrocha y me agacho para evitar tropezar, me percato de que un hombre se a parado en frente de mi y cuando me levanto para preguntarle que es lo que quiere. El muy imbécil derrama todo el contenido de su vaso sobre mi, mi cuerpo arde un poco y debe ser por la bebida alcohólica que el tipo estaba tomando. —¡¿Pero eres imbécil o solo te haces?! —chillo enojada mientras me trato de limpiar. —Lo siento señorita...—extiende la última palabra para que le diga mi nombre pero no lo hago. No le daré el gusto de saberlo. —No te interesa —le grito enojada. El hombre me lanza una mirada llena de diversión, deslizo mi mirada por su torso desnudo que parece esculpido por el mismo señor de los infiernos y aunque debo admitir que el tipo es guapo eso no le quita lo imbécil. —Si quieres los dos nos podemos dar un chapuzón en el mar y así te puedo ayudar a quitarte toda la suciedad —pronuncia de manera insinuosa mientras se atreve a pasar de forma descarada uno de sus dedos por algunas de las gotas que se desliza por mi piel. Poso mi mirada en sus intensos ojos color miel y sin pensarlo dos veces estampo mi mano en la mejilla del sujeto propinándole una bofetada, no solo le basta con regarme su bebida encima, sino que ahora pretende que me le abra de piernas ¿Solo por qué el lo insinúa? No sabe con quien esta tratando. Se ha topado con la chica equivocada, el hombre se lleva su mano a la mejilla que le abofeteé y posa su mirada llena de furia sobre la mía, miro de soslayo y observo como un grupo de personas se ha detenido a ver la escena y por la expresión en sus rostros deduzco que el tipo al que le acabo de pegar le debe pesar mucho el culo en este lugar, pero ¡Oh...sorpresa! A mi también querido. —Eres un idiota —grito enojada— ¿Quién te crees para tocarme? ¿Quién te ha dado el derecho de hacerlo? —pronuncio entre dientes. Me sujeta con fuerza por una de mis muñecas y me la aprieta para luego acercarme un poco a el. No solo le basta con ser un imbécil...sino que ahora  también compite por el premio para el troglodita del año. —¿Cómo te atreves tú a tocarme a mi? —sisea molesto—. ¿Es que acaso no sabes quién soy? —dice tratando de amedrentarme con sus palabras, pero en su lugar solo obtiene burla de mi parte. Hace falta más que unas cuantas palabritas por parte de un imbécil con ínfulas de superioridad para poder asustarme, de verdad no se imagina con que clase de mujer trata, deslizo mi mirada por su torso desnudo y debo admitir que el hombre es un bombón pero cuando mi mirada viaja más allá de su abdomen maldigo mentalmente por lo que veo, un bulto de gran tamaño se hace notable en el pantalón del tipo, el hombre está excitado y tiene una de esas  erecciones de los mil demonios. Lo que me faltaba... Un hombre que tiene complejo de excitación post insulto...los hombre de hoy en día y sus malditos fetiches extraños. Levanto mi mirada y tengo que empinar mucho mi cabeza para que mis ojos den con los suyos, el tipo es bastante alto a duras penas mi cabeza alcanza la altura de sus hombros. —No. No sé quién eres y tampoco me importa una mierda —grito mientras me zafo de su agarre y lo empujo. Lo miro con altanería mientras elevo más mi mentón en señal de orgullo. —Zahira...—la voz de mi hermana llega hasta mis oídos en forma de regaño, me toma por uno de mis brazos y me jala acercándome a ella. —No creo que este sea el mejor lugar para llevar a cabo una discusión y menos con el hombre que lo haces —susurra a mi oído mirando a nuestro alrededor—, recuerda que tienes que guardar tu reputación, ahora vámonos —agrega y yo asiento. Es cierto lo que dice mi hermana debo de guardar la compostura y comportarme como la dama que soy. No me debo igualar como cierto neandertal que no da señales de tener cerebro, comienzo a caminar con mi hermana dando por zanjada la discusión, pero creo que el hombre no está dispuesto a dejarme ir. —Zahira —me llama y siento como el enojo regresa. ¿CÓMO SE ATREVE A LLAMARME POR MI NOMBRE? ¿QUIÉN LE A DADO ESE PERMISO?...IMBECIL...Mil VECES IMBECIL. El hombre el cual no se su nombre y tampoco tengo mucho interés en saberlo, se acerca a nosotras y siento como todo mi cuerpo se tensa por su presencia imponente pero me mantengo firme para no demostrárselo. —Lo siento —pronuncia en forma de disculpa pero mi sexto sentido me dice que esto no vendrá solo—. Quiero remediarlo. ¿Qué tal si me dejas invitarte algo? —agrega seguro de que voy a aceptar pero la realidad está muy lejos de eso. Sabia que diría algo así... Me giró completamente para quedar frente a frente y esbozo una sonrisa sarcástica, mi hermana aprieta más el agarre que mantiene en mi brazo y me impide acercarme más a él pero de todos modos esa distancia es suficiente para decirle lo que le pienso decir. —Ni en tus sueños —pronuncio con burla—, primero se tendrá que congelar todo el mar Mediterráneo antes que yo acepte algo que venga de ti —agrego llena de cólera. El hombre enarca una de sus cejas y puedo ver algo de molestia por haberlo rechazado, se nota que no le gusta que le den un "no" por respuesta. ¡Vete acostumbrando cariño..! Mi hermana me jala antes que el hombre pueda pronunciar insulto alguno y nos perdemos entre la gente, Daniel ya nos está esperando en el auto y lo enciende en cuanto subimos. Todo el camino lo pasamos en silencio, me gusta más cuando nadie habla y me hace sentir más cómoda, llegamos  a la mansión en poco más de una hora y en cuando me bajo, entro a toda prisa a la casa. —No te entiendo Zahira —habla mi hermana negando con su cabeza— acabas de rechazar al soltero más codiciado de todo Mónaco y eso sin contar la nación de donde proviene. —Me importa una mierda quien sea, ahora no estoy para estupideces —le digo con dureza mientras me giro para encararla. —Zayi...tienes que avanzar, no te puedes quedar estancada negándote la oportunidad de volver a amar —me toma por los hombros—, no puedes acribillar a punta de insultos y bofetadas a cada hombre que se te acerca. —¿Para qué quiero que se me acerquen? —suelto a punto de estallar en llanto— ¿Para que vuelvan a romperme el corazón?  —El amor es como una ruleta Zayi a veces se gana y a veces se pierde —puntualiza— y si te sigues negando la oportunidad de seguir adelante nunca sabrás que sorpresas te tiene preparada la vida. —No me interesa saberlo, no quiero saber que me tiene deparada la puta vida. Creo que ya me ha dado mucho ¿No es así? —siseo molesta mientras subo las escaleras para encerrarme en la habitación a llorar amargamente. Ya me he dado cuenta que la vida es una perra y se encarga todos los días de demostrarme cuanto me odia.
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