CAPÍTULO TREINTA Y UNO La Biblioteca Pública de Pinecrest era sorprendentemente grande. Tenía dos pisos de altura. El primer piso era para niños y adolescentes. Cuando Chloe entró a las 5:57 para unirse al club de lectura, siguió unos carteles que la dirigieron a la parte trasera del primer piso. Siguió los carteles a una sala de conferencias acogedora donde había varias sillas plegables en un semicírculo. Había una pequeña mesa atrás con aperitivos y botellas de agua. Vio que no era la primera en llegar. Varias mujeres estaban sentadas y otras estaban conversando. Una mujer que estaba parada junto a la mesa la vio y se acercó a ella con una sonrisa en su rostro. —Hola —dijo la mujer—. Soy Mary Elder. Yo manejo el club de lectura. —Es un placer conocerte —dijo Chloe. Mary Elder parecí

